UN DIOS SALVAJE

  • Noviembre
  • 24

Tras un largo paréntesis quiero retomar mis comentarios sobre cine y lo hago una vez más con una película donde la educación de los hijos y la relación de éstos con sus padres son el tema central. Se trata de la última película de Roman Polanski, tras sus avatares con la justicia americana por problemas de juventud en los que no vamos a entrar.
En “Un Dios Salvaje”, no hay más que cuatro personajes, dos matrimonios encerrados en un piso para tratar de arreglar de manera amistosa y civilizada la agresión que ha sufrido el hijo de un matrimonio a manos del otro.
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Esta película está basada en una obra de teatro de Yasmina Reza y adquiere toda su fuerza a partir de tres componentes fundamentales: el texto, la interpretación de los actores y la filmación.

El texto nos va mostrando cómo, tras los buenos modales y el comportamiento social impecable de las dos parejas, se oculta una realidad mucho más negativa. En realidad los padres del niño agredido desean que se reconozca la culpa, que se pida perdón, que se impongan castigos, que se investiguen las causas de ese comportamiento y siempre les parece poco las concesiones de los padres del agresor. En el fondo quieren venganza sin ningun tipo de atenuante.
Los padres del agresor reconocen su culpa, pero se empiezan a cuestionar las causas. ¿no tendrá el agredido parte de culpa? ¿acaso no formaba parte de una pandilla y era el jefe de la misma? ¿no se jacta el padre de haber sido él también el lider de su pandilla?. Minimizan las consecuencias: si ha perdido dos dientes, se pueden sustituir y ellos están dispuestos a colaborar económicamente, pero no hay que exagerar: ni le duele ni le quedarán secuelas en el futuro. Además había existido una provocación, incluso llegan a estar orgullosos de la reacción de su hijo “como un hombre” que no se deja intimidar por una pandilla.
Las relaciones se empiezan a deteriorar y el marco de concordia se desmorona a medida que avanza la película: comienzan las ironías entre el marido pegado al móvil, directivo de una empresa farmaceútica y el vendedor de pequeños aparatos, entre el ejecutivo sin escrúpulos y el trabajador modesto pero honrado. Entre las mujeres ocurre lo mismo: dos leonas defendiendo sus cachorros, dispuestas a lanzarse contra cualquier persona que intente atacarlos. Una de ellas implicada en la solidaridad con todas las causas humanitarias pero incapaz de perdonar la más mínima agresión a su hijo. La otra sumida en la desesperación ante la educación de un hijo con un padre que pasa de todo porque lo considera simplemente un caso perdido para el mundo y sin solución posible y dispuesta a inventar cualquier atenuante hasta llegar a decir “pues mi hijo hizo bien sacudiéndole al suyo”.
Pero no solo se juega con la posición de las dos parejas, sino con los puntos de vista diferentes dentro cada matrimonio: El padre del agredido simpatiza con la madre del agresor y su punto de vista: La madre clama contra ellos y reprocha a su marido la comprensión que manifiesta ante los padres del agresor. La relaciones van evolucionando: al final acaban solidarizándose maridos contra mujeres y ayudados por la bebido se llega a la catástrofe total.

El otro aspecto destacable es la interpretación de los actores: todos ellos brillan a gran altura: el ejecutivo cínico unido al móvil, capaz de dejar morir a los enfermos para salvar a su empresa farmaceútica. El marido con aire bonachón que acaba resultando violento y bebedor resulta totalmente creíble. Las actrices que encarnan a las dos madres (Jodie Foster y Kate Winslet) consiguen hacer dos personajes creíbles y llenos de matices de acuerdo con el momento y de su evolución sicológica.

El útlimo aspecto es la filmación. Se trata de una obra de teatro (representada en España de manera magnífica con Maribel Verdú y Aitana Sánchez Gijón) y la película no añade más que la escena inical exterior (la agresión). Sin embargo el cine permite algo que no puede hacer el teatro: el cine permite mover la cámara hacia un personaje concreto y centrarnos en sus movimientos, el director puede decidir entre un plano general y un primer plano. En este sentido el trabajo de R. Polanski nos parece extraordinario con sus primeros planos para mostrar la psicología y crear el clima distendido o tenso en las relaciones de los personajes. El espectador de teatro ve la escena, el de la película ve el cuello tenso de ira de Jodie Foster o la mirada perdida o fuerte de Kate Winslet.

El tema es muy interesante: ¿pueden los padres ser objetivos en los problemas de sus hijos y en sus soluciones? ¿realmente importa a todos los padres la educación de sus hijos? la respuesta es evidentemente negativa pero lo importante son los matices: incluso cuando se trata de poner buena voluntad surgen los instintos más primarios y personas tranquilas y civilizadas se vuelven violentas y agresivas. Entre esos padres hay uno mucho más preocupado por su movil y por su deseo de marcharse que por la educación de su hijo al que considera un caso perdido.

Desde un punto de vista más amplio, también es una crítica a las relaciones sociales en general: cuando se suprime el barniz de las formas y la buena educación, aparecen los individuos tal como son, lo que piensan realmente de los demás, de sus parejas y el resultado no es para nada edificante.

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BROTHERS

  • Abril
  • 12

No soy un erudito del cine sino un amante del septimo arte que disfruta los fines de semana yendo a las salas para ver si encuentro algo interesante. Por eso no voy a comparar esta película con la antigua (se trata de una versión moderna de otra ya existente) por la simple razón de que no la he visto. Sin embargo, esto tiene también sus ventajas, entre otras la de ver la película sin prejuicios, ni comparaciones sino simplemente tal como es.
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Pues bien, en mi opinión estamos ante una historia tremenda, impactante, cruel, donde la realidad de la guerra y sus consecuencias son tratadas con originalidad y desde una perspectiva poco frecuente.

Se trata de una película bélica, pero la guerra no ocupa presencialmente la mayor parte del tiempo, gran parte discurre en el ámbito familiar y personal. El director nos traslada de la familia americana al epicentro de la guerra para mostrarnos los desastres de la misma.

Se trata de una historia bélica pero antibelicista donde aparecen con toda la crueldad posible las consecuencias de los conflictos: nada de héroes valientes que arriesgan su vida por la patria. Ni siquiera se sabe muy bien quienes son los malos, nadie tiene una respuesta hasta que la niña encuentra una que tranquiliza a todos: “son los de las barbas”.

Un marido féliz con su pareja, padre de dos niñas encantadoras es llamado para unirse a las fuerzas americanas en Afganistán. Hecho prisionero y dado por muerto, su mujer trata de rehacer la vida de la familia destrozada con la ayuda de un hermano del marido. Éste va a dar su cariño a las niñas y se hará querer, a pesar de ser considerado la oveja negra, por su vida anterior nada ejemplar.

La guerra destruye la familia y también va a terminar con el equilibrio mental del capitán ejemplar del ejército americano. El miedo, la realidad del horror, el contacto con la muerte, la vida en un país hóstil terminarán haciendo de él un hombre inútil, incapaz de convivir con los que le quiere. Vivirá el resto de sus días abrumado por sus “hazañas” en Afganistán, donde ha tenido que matar a un soldado americano para salvar su vida. El héroe en apariencia esconde un villano torturado interiormente, víctima impotente ante la cruda realidad de sobrevivir en un conflicto bélico.

La guerra es el monstruo que destruye la convivencia humana a todos los niveles: a nivel personal por los momentos vividos, a nivel familiar por la incapacidad de superar situaciones traumáticas, a nivel sentimental por la imposibilidad de dar cariño. El héroe de guerra se queda solo, sin hijas que prefieren al tío, sin mujer porque no puede con los celos, sin familia porque mujer, hijas, hermano y padre se convierten en seres extraños.

Con la mirada perdida, entre demente y torturado, el capitán se convierte en un inútil, en víctima, en un ser torturado interiormente que nunca volverá a ser el de antes.

Mágnifica la interpretación de los dos personajes masculinos: el malo con cara de bueno y el bueno con su mirada distante y turbadora después de pasar por la experiencia de la guerra. Esta impregna toda esta historia contada con profundidad, con dramatismo, con una fuerza tal que se sale del cine abrumado con la intensidad del drama.

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