9:27 am General
Tras un largo paréntesis quiero retomar mis comentarios sobre cine y lo hago una vez más con una película donde la educación de los hijos y la relación de éstos con sus padres son el tema central. Se trata de la última película de Roman Polanski, tras sus avatares con la justicia americana por problemas de juventud en los que no vamos a entrar.
En “Un Dios Salvaje”, no hay más que cuatro personajes, dos matrimonios encerrados en un piso para tratar de arreglar de manera amistosa y civilizada la agresión que ha sufrido el hijo de un matrimonio a manos del otro.

Esta película está basada en una obra de teatro de Yasmina Reza y adquiere toda su fuerza a partir de tres componentes fundamentales: el texto, la interpretación de los actores y la filmación.
El texto nos va mostrando cómo, tras los buenos modales y el comportamiento social impecable de las dos parejas, se oculta una realidad mucho más negativa. En realidad los padres del niño agredido desean que se reconozca la culpa, que se pida perdón, que se impongan castigos, que se investiguen las causas de ese comportamiento y siempre les parece poco las concesiones de los padres del agresor. En el fondo quieren venganza sin ningun tipo de atenuante.
Los padres del agresor reconocen su culpa, pero se empiezan a cuestionar las causas. ¿no tendrá el agredido parte de culpa? ¿acaso no formaba parte de una pandilla y era el jefe de la misma? ¿no se jacta el padre de haber sido él también el lider de su pandilla?. Minimizan las consecuencias: si ha perdido dos dientes, se pueden sustituir y ellos están dispuestos a colaborar económicamente, pero no hay que exagerar: ni le duele ni le quedarán secuelas en el futuro. Además había existido una provocación, incluso llegan a estar orgullosos de la reacción de su hijo “como un hombre” que no se deja intimidar por una pandilla.
Las relaciones se empiezan a deteriorar y el marco de concordia se desmorona a medida que avanza la película: comienzan las ironías entre el marido pegado al móvil, directivo de una empresa farmaceútica y el vendedor de pequeños aparatos, entre el ejecutivo sin escrúpulos y el trabajador modesto pero honrado. Entre las mujeres ocurre lo mismo: dos leonas defendiendo sus cachorros, dispuestas a lanzarse contra cualquier persona que intente atacarlos. Una de ellas implicada en la solidaridad con todas las causas humanitarias pero incapaz de perdonar la más mínima agresión a su hijo. La otra sumida en la desesperación ante la educación de un hijo con un padre que pasa de todo porque lo considera simplemente un caso perdido para el mundo y sin solución posible y dispuesta a inventar cualquier atenuante hasta llegar a decir “pues mi hijo hizo bien sacudiéndole al suyo”.
Pero no solo se juega con la posición de las dos parejas, sino con los puntos de vista diferentes dentro cada matrimonio: El padre del agredido simpatiza con la madre del agresor y su punto de vista: La madre clama contra ellos y reprocha a su marido la comprensión que manifiesta ante los padres del agresor. La relaciones van evolucionando: al final acaban solidarizándose maridos contra mujeres y ayudados por la bebido se llega a la catástrofe total.
El otro aspecto destacable es la interpretación de los actores: todos ellos brillan a gran altura: el ejecutivo cínico unido al móvil, capaz de dejar morir a los enfermos para salvar a su empresa farmaceútica. El marido con aire bonachón que acaba resultando violento y bebedor resulta totalmente creíble. Las actrices que encarnan a las dos madres (Jodie Foster y Kate Winslet) consiguen hacer dos personajes creíbles y llenos de matices de acuerdo con el momento y de su evolución sicológica.
El útlimo aspecto es la filmación. Se trata de una obra de teatro (representada en España de manera magnífica con Maribel Verdú y Aitana Sánchez Gijón) y la película no añade más que la escena inical exterior (la agresión). Sin embargo el cine permite algo que no puede hacer el teatro: el cine permite mover la cámara hacia un personaje concreto y centrarnos en sus movimientos, el director puede decidir entre un plano general y un primer plano. En este sentido el trabajo de R. Polanski nos parece extraordinario con sus primeros planos para mostrar la psicología y crear el clima distendido o tenso en las relaciones de los personajes. El espectador de teatro ve la escena, el de la película ve el cuello tenso de ira de Jodie Foster o la mirada perdida o fuerte de Kate Winslet.
El tema es muy interesante: ¿pueden los padres ser objetivos en los problemas de sus hijos y en sus soluciones? ¿realmente importa a todos los padres la educación de sus hijos? la respuesta es evidentemente negativa pero lo importante son los matices: incluso cuando se trata de poner buena voluntad surgen los instintos más primarios y personas tranquilas y civilizadas se vuelven violentas y agresivas. Entre esos padres hay uno mucho más preocupado por su movil y por su deseo de marcharse que por la educación de su hijo al que considera un caso perdido.
Desde un punto de vista más amplio, también es una crítica a las relaciones sociales en general: cuando se suprime el barniz de las formas y la buena educación, aparecen los individuos tal como son, lo que piensan realmente de los demás, de sus parejas y el resultado no es para nada edificante.