Entrevista a Miguel Ángel Aijón

Manuel de Castro de Diego y Lucía Sánchez de la Torre. 4º ESO B

Miguel Ángel Aijón Oliva, profesor del Departamento de Lengua Castellana y Literatura, con destino definitivo desde el curso 2012/2013 en el IES Senara, y responsable de la revista Cosas del Senara desde el curso 2015/2016, deja el centro para ocupar a tiempo completo una plaza de Profesor Doctor en la Universidad de Salamanca. Ha venido al centro el 15 de enero para que le hagamos una entrevista y ha prometido seguir visitándonos.

Miguel Ángel Aijón, el día de la entrevista, en la Biblioteca del instituto.

Pregunta: En cuanto a tu formación, ¿de dónde surge tu pasión por la lengua española?

Respuesta: Siempre me ha llamado la atención cómo hablan y escriben las personas, y me he fijado en los acentos de las distintas regiones y países, en las faltas de ortografía, en los errores de concordancia… Además, creo que el lenguaje lo es casi todo en la vida humana: no se puede separar del propio pensamiento, y es lo que nos convierte en seres racionales y nos permite construir una sociedad. Es verdad que trabajo específicamente con la lengua española, pero me interesan todos los idiomas y me gustaría ser capaz de hablarlos todos; no solo el japonés, que ya sabéis que no se me da mal.

P: ¿En qué momento supiste que la enseñanza era tu vocación?

R: Según mis padres, a los cinco o seis años ya decía que quería ser profesor de Lengua. Me gustaba mucho leer y me ponía a enseñar a mi hermano y a otros niños, si es que se dejaban. Así que, en realidad, lo único que me faltaba era cobrar a fin de mes. Cuando estaba en el Bachillerato (por entonces todavía se llamaba BUP) y decía que iba a estudiar Filología, mucha gente me contestaba que eso no tenía futuro, y que un alumno con buenas notas debería aspirar a “otras cosas”. Pero creo que es fundamental seguir la propia vocación y estudiar lo que a uno realmente le interese y le haga feliz; así lo hice, y la verdad es que nunca me ha faltado trabajo ni me he arrepentido.

P: De no haber sido profesor, ¿en qué otra profesión te verías realizado?

R: Supongo que me gustaría ser corrector de estilo, que en realidad tiene mucho que ver con lo que hago. En el instituto hay quien me llama “corregidor”, y aunque sea una broma me suena muy bien. Hoy en día, en casi cualquier cosa que leemos hay una enorme cantidad de errores de ortografía y gramática, además de una preocupante pobreza de vocabulario, todo lo cual es síntoma (y este es el problema) de pobreza de ideas. Ocurre en muchos ámbitos de la sociedad, pero me parece especialmente grave en la administración y en los medios de comunicación. Por desgracia, no sería fácil ganarse la vida con ese trabajo; la mayoría de las instituciones y las empresas prescindieron hace tiempo de la figura del corrector, y a la vista está.

P: ¿Has tenido algún profesor que te haya influido especialmente?

R: De todos mis profesores (no solo de los de Lengua) he aprendido cosas, y creo que todos hicieron su trabajo lo mejor que pudieron y dejaron alguna huella en mí. Cuando te toca desempeñar esta labor, te das cuenta de lo difícil que es y de la gran responsabilidad que supone; adquieres una visión muy distinta a la que tenías cuando eras alumno y pensabas que los profesores disfrutaban suspendiendo a la gente, o que “enchufaban” a algunos alumnos y les tenían manía a otros. En realidad, lo que queremos es que todos nuestros alumnos aprendan y progresen en la vida. Otra cosa es que a veces nos saquéis un poco de quicio…

P: ¿Qué lectura o lecturas te han influido más?

R: Si algo ayudó a afianzar esa vocación que ya estaba más o menos clara, fueron los libros de texto de Lengua y Literatura escritos por Fernando Lázaro Carreter, que fue profesor en Salamanca y director de la Real Academia Española. Con ellos estudié durante muchos años. Recuerdo lo bien escritos que me parecían, con un estilo cuidado y un vocabulario muy amplio, pero a la vez se entendían perfectamente. También los fragmentos literarios estaban muy bien escogidos, y creo que eso aumentó mi inclinación por la lectura de textos de cualquier época. Por desgracia, no sé si gran parte de los materiales educativos que se venden hoy en día tendrán los mismos efectos.

P: ¿Cuál es tu escritor favorito?

R: Como diversión, Stephen King, porque me gustan las historias de terror y suspense, y creo que él tiene un don especial para captar el interés del lector y mantenerlo en vilo. Os lo recomiendo. Si hay que mencionar a alguno que se considere más “intelectual”, me encanta William Faulkner, porque es un gran experimentador, pero a la vez cuenta historias muy interesantes. Soy consciente de que ninguno de los dos que he citado es de lengua española, pero me disculparéis; ahora no estoy de servicio…

P: ¿Y tu movimiento literario preferido?

R: En general, me atraen más las épocas y los movimientos que tienden a lo subjetivo y emocional, como el Barroco y el Romanticismo, incluso la Edad Media, frente a otros más racionales y armónicos, como el Renacimiento o el Neoclasicismo, en que parece que se tiende más a imitar a los clásicos. Pero tampoco es justo generalizar; en todas las épocas ha habido magníficos creadores. Y, sobre todo, alrededor del Renacimiento surgieron muchos de los grandes nombres y títulos de la literatura española: Garcilaso, Fray Luis, Santa Teresa, San Juan, Cervantes, La Celestina, El Lazarillo… Tengo para todo el día, así que mejor no sigo.

P: ¿Una cita?

R: Una de autor anónimo, que seguramente habéis oído alguna vez: “Dilo en voz alta, para que nos riamos todos”.

P: ¿Una canción, un disco, un artista?

R: Yo admiro mucho a Raphael. Es un artista irrepetible, y resulta difícil creer que después de tantos años se mantenga en la cumbre y siga dando conciertos por todo el planeta con la misma vitalidad. Tiene cientos de canciones brillantes y sería imposible quedarse con una, pero sí sé cuál no elegiría: “Mi gran noche”, porque se ha repetido tanto en todas partes que ya resulta cansina. De hecho, ni siquiera debería haberla citado.

Miguel Ángel, durante la Semana Cultural en marzo de 2013, recitando un poema.

P: En cuanto a tu trayectoria profesional, antes de llegar al IES Senara, ¿qué otros destinos han marcado tu trayectoria profesional?

R: Después de aprobar las oposiciones, pasé dos años en el “Fernando de Rojas”, de Salamanca; un centro muy bueno al que podía ir andando desde casa, aunque la estancia no fue tan fácil, porque era novato y pasaba muchos nervios en las clases. Mi primer destino definitivo fue Navaluenga, un pueblo de la sierra de Ávila; aquel era un instituto más pequeño, tranquilo y más o menos parecido al nuestro. Dos años más tarde, me trasladé al “Alfonso IX”, que está en las afueras de Zamora y recibe alumnos de pueblos cercanos. De allí me quedan muchos amigos. Y otros dos años después, en 2012, llegué aquí. He estado encantado en los cuatro institutos, porque en todos he convivido con gente estupenda y he podido trabajar en las mejores condiciones, pero fue en el “Senara” donde finalmente me asenté, y aquí he pasado seis años y un trimestre.

P: ¿Cómo caracterizarías a los alumnos y al instituto de Babilafuente?

R: Siempre he pensado que este instituto es como una casa, y todos nosotros somos la familia que la habita, cada uno con sus características y sus funciones: el equipo directivo, los profesores, el personal no docente, los alumnos, sus padres… Como en toda familia, hay momentos felices y otros que no lo son tanto; hay ocasiones para la diversión, pero también para la seriedad e incluso para la decepción, y lo importante es que todo lo vivimos juntos. No tengo más que buenas palabras para los alumnos que he tenido; sois, en general, muy respetuosos, nobles y simpáticos, y me habéis hecho muy fácil el trabajo.

P: Si tuvieses que elegir un momento en el IES Senara, ¿cuál sería?

R: Aquí me han pasado muchísimas cosas buenas y creo que ninguna mala, excepto el propio hecho de irme. Precisamente, aunque fue un momento triste, sé que recordaré de modo especial el pasado 21 de diciembre, que fue mi último día como profesor en activo en el instituto. Tanto los alumnos como los compañeros me demostrasteis mucho cariño, y ha sido muy duro (y todavía lo es) pensar que ya no vamos a vernos todos los días y que no voy a estar presente en todos los momentos de la vida cotidiana. Pero, desde luego, yo sigo considerándome parte del centro y espero que sigamos compartiendo muchas experiencias importantes.

P: ¿Qué te ha incitado a dar el paso a la Universidad?

R: En realidad, la docencia y la investigación en el ámbito universitario fueron mi primera vocación y, como sabéis, siempre he estado vinculado a ellas de alguna manera. Al terminar la carrera, pasé unos años elaborando mi tesis doctoral y enseñando en la Universidad de Salamanca. Después surgió, casi por sorpresa, la posibilidad de ejercer como profesor de Secundaria, que ha sido un verdadero regalo y ha cambiado mi vida durante más de doce años. A lo largo de ese tiempo he compatibilizado las dos tareas, lo que en ocasiones me ha supuesto mucho trabajo y algunas dificultades. Lo que ocurre es que ahora se ha planteado la posibilidad de estar a tiempo completo en la Universidad, y era casi inevitable aprovecharla, porque allí es bastante difícil estabilizarse. De todas formas, la puerta de la Secundaria siempre queda abierta.

Miguel Ángel Aijón, padrino de la promoción de 2º de Bachillerato del curso 2012/2013.

P: ¿Qué diferencias encuentras entre los alumnos de secundaria y los universitarios?

R: Quizá penséis que es un ambiente muy distinto al del instituto, porque son alumnos mayores de edad y ya no es enseñanza obligatoria. Pero la verdad es que en todas partes te encuentras de todo: hay alumnos muy trabajadores y responsables, y otros que no hacen nada ni saben muy bien para qué están estudiando una carrera. Allí también tengo que decirles que se callen de vez en cuando… Incluso les pongo mis famosos negativos, si se empeñan. La principal diferencia es que, en la Universidad, el profesor tiene un margen más amplio para elegir los contenidos que quiere tratar en su asignatura, el sistema de evaluación, etc. Todo está menos regulado en ese sentido, y es fácil adaptar la clase a los intereses y las necesidades de los estudiantes (y a los nuestros).

P: La revista Cosas del Senara vive gracias a personas como tú, que te has implicado en su elaboración y difusión. ¿Qué crees que ha quedado por hacer en la revista? ¿Cómo orientarías su futuro?

R: Me ha encantado coordinar esta revista, y no os imagináis la ilusión que me hace pensar que ahora voy a salir en ella. Para mí, su principal carencia es lo poco que suelen participar algunos sectores de la comunidad educativa, y en especial las familias. Seguro que vuestros padres, madres, abuelos, hermanos… podrían aportar muchísimo con sus conocimientos y sus experiencias. Quizá hay que difundirla más entre esos sectores. También creo que debería haber más textos en inglés, francés u otras lenguas en las que los alumnos sois capaces de escribir; por ejemplo, aquello que publicamos sobre Mariola’s place quedó estupendamente. Y ojalá se recuperara la edición en papel, si alguna vez hubiera presupuesto para ello. En fin, estoy tranquilo, porque la revista ha quedado en muy buenas manos y sé que va a ser cada vez mejor. ¡Pero depende de todos!

La marcha de todas las personas siempre supone una pérdida; en este caso el centro pierde un buen profesor de Lengua, un apasionado del lenguaje y una persona con un humor inteligente. Nosotros nos quedamos con sus enseñanzas y en compañía de su libro de cabecera: “¡Qué interesante! Vamos a consultar del Diccionario de la RAE”.

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1 respuesta

  1. Rafael García dice:

    Enhorabuena por la entrevista y el mantenimiento de la revista Cosas del Senara, algo que, sin duda alguna, sirve para no perder la confianza en el futuro educativo. Mientras existan alumnos entusiasmados y profesores capaces de elevar dicha animosidad, tendremos esperanzas de mejorar a pesar de las circunstancias difíciles que nos acompañan en los últimos años durante los cuales, la Lengua, se ve agrietada por los que no sabe hablar y el resto de asignaturas y disciplinas son “rectificadas” o atacadas por quienes no saben pensar. Esa es una desgracia que disfrutan los enemigos del saber para sufrimiento de los amigos del mejorar.

    Un saludo desde Murcia

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