El Legado Romano

Construcciones e infraestructuras

JOSÉ FERNANDO PABLOS NAVAZO

Entre la fecha mítica de la fundación de Roma (hacia el 753 a.C.) y la de su caída (476 d.C.), se desarrolla una de las civilizaciones más universales que han existido. Roma, en principio solo una ciudad, se convirtió en la capital de un inmenso imperio, en el cual la fidelidad de los habitantes dependía de la aceptación de una forma de vida, la del ciudadano romanizado, que se consideraba la única deseable.

La exposición “El Legado Romano: construcciones e infraestructuras” se abre con la explicación de los campamentos o castra. La ciudad romana, ya desde los orígenes legendarios de Rómulo y Remo, se estructuró en torno a dos calles que se cruzaban en ángulo recto, el cardo (Norte-Sur) y el decumanus (Este-Oeste), en cuyo cruce, el forum, se edificaron los templos y se hicieron los sacrificios fundacionales. Los campamentos romanos imitaban a escala reducida el modelo de ciudad. Gracias a que algunos de estos campamentos acabaron por hacerse permanentes (como Timgad, en Argelia, o León, en España), podemos adivinar en su trazado un esquema que en muchas ciudades no se ve tan claramente.

La ciudad romana exigía importantes obras de ingeniería que la mantuvieran comunicada, limpia y abastecida. Los romanos, herederos de los etruscos en este campo, construyeron puentes y acueductos, como el Puente de Alcántara y el Acueducto de Segovia, que se muestran a continuación.

Mientras que las calzadas y puentes aseguraban la comunicación entre ciudades, el resto de los edificios de ingeniería (acueductos, cloacas, termas y cisternas) están en función del abastecimiento y evacuación del agua, sin la que un romano no entiende la vida.

En Roma no se entendía la arquitectura sin conocimientos prácticos, es decir, de los materiales, de su peso y resistencia y de las distintas técnicas de edificación, lo que hoy consideraríamos parte de la ingeniería. Para el arquitecto romano su oficio consistía en levantar edificios útiles y bellos y para ello hacían falta materiales resistentes y ligeros como el hormigón, que permitieran elevar grandes alturas y abrir amplios espacios, y que adoptaran formas curvas. Para ello utilizaron el arco de medio punto y la bóveda de cañón, que hacen posible que un muro se eleve varios pisos y cubra grandes espacios rectangulares. Podemos comprobarlo a través de la reconstrucción del Anfiteatro Flavio o Coliseo y del Teatro de Mérida, que se exponen a continuación.

La exposición continúa con el Panteón de Roma. La cúpula fue especialmente desarrollada por los romanos para cubrir espacios cuadrados o circulares. La enorme cúpula que cubre el Panteón, del año 118 d.C., es la más grande construida jamás por el hombre usando mampostería y es el edificio mejor conservado de la antigua Roma: Ars longa, vita brevis.

Para que fuesen bellos, los edificios ocultaban los materiales baratos y ligeros de que estaban hechos -cemento, ladrillo, mampuesto- con placas de mármol o con pintura, y decoraban las fachadas utilizando elementos arquitectónicos: columnas, arquitrabes, arcos, etc. De los tres tipos de vivienda romana, insula o bloque de viviendas de varias plantas, domus o vivienda unifamiliar y villa o propiedad agrícola de las familias más poderosas, presentamos la reconstrucción de estas dos últimas, con todos sus elementos decorativos.

La exposición “El Legado Romano: construcciones e infraestructuras” ha sido realizada por los alumnos de 2º de ESO de Cultura Clásica para mostrar una parte importantísima del legado romano. Pero a los romanos les debemos también las lenguas romances derivadas del latín, los géneros literarios, el derecho, las instituciones políticas, las formas de ocio, etc. CONTINUARÁ…

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