El sufragio femenino en la II República Española

Manuel de Castro de Diego, Lucía Franco Rogado, África Prieto González y Lucía Sánchez de la Torre, 4.º ESO B

Definición

Denominamos sufragio femenino al derecho al voto ejercido por las mujeres y, por tanto, al derecho constitucional a votar a los cargos públicos, así como a ser votado. De esta forma, el sufragio abarca al activo (derecho al ejercicio del voto) y al pasivo (derecho a ser elegido).

Contexto histórico y breve historia del sufragio femenino en España

En España la mujer pudo formar parte del parlamento desde las Cortes de Cádiz de 1812. Lamentablemente, en casi dos siglos de historia, tan solo 40 mujeres lograron ser parlamentarias.

Durante la dictadura de Primo de Rivera, en la llamada Asamblea Nacional Consultiva, se les permitía a las mujeres acceder, aunque más bien ser designadas, siempre que estuvieran autorizadas por sus maridos. En la Asamblea del 11 de octubre de 1927 hubo 13 mujeres. Entre ellas, Concepción Loring destacó por ser la primera mujer en hablar en una asamblea política española.

En 1931, durante la primera etapa de la Segunda República, se reconoció el sufragio universal. Antes de ello, en las elecciones a las Cortes Constituyentes de junio de 1931, tan solo tres mujeres fueron elegidas (Margarita Nelken del Partido Socialista Obrero Español, Clara Campoamor en el Partido Republicano Radical y Victoria Kent en el Partido Republicano Radical Socialista).

Profundizando en la aprobación del sufragio femenino en la Constitución de 1931 durante la II República Española, podemos decir que hombres como Roberto Novoa Santos afirmaron que la mujer no debía votar, ya que no contaba con una mentalidad crítica, sino que se dejaba guiar por las emociones. Así, Novoa preguntó en las Cortes: “¿Por qué debemos conceder a la mujer los mismos títulos y los mismos derechos políticos que al hombre? […] ¿Nos sumergiríamos en el nuevo régimen electoral, expuestos los hombres a ser gobernados en un nuevo régimen matriarcal, tras el cual habría de estar siempre expectante la Iglesia católica española?” No obstante, Clara Campoamor consiguió, con su dialéctica, la aprobación del sufragio femenino, a pesar de todas las propuestas en contra.

Sometida a votación la propuesta, quedó aprobada el 1 de octubre de 1931. Las mujeres pudieron ejercer el derecho al voto en España por primera vez en las elecciones generales de noviembre de 1933.

La dictadura de Franco acabó con las elecciones libres y con ello se anuló tanto el sufragio masculino como el femenino.

Durante la Transición Española, los votos libres se volvieron a ejercer en 1976.

Machismo imperante en la época

La violencia de género era “un problema de pareja” y si se hacía visible imperaba el “por algo será”. El lugar de la mujer: la casa. El rol: atender al hombre.

Las mujeres no distinguían entre lo que era la violencia y lo que era la educación que les inculcaban sus padres. Que una mujer sufriera violencia de género en esta década y hasta los 60 era percibido como “problemas de pareja” y el sometimiento era algo casi natural. El hombre no se enorgullecía por decir: “le pegué a mi mujer”, porque tenían tan asumido el derecho a golpearla y maltratarla que no llamaba la atención. La mujer debía hacer las tareas de la casa, permanecía callada y era ignorada, porque “total, ellas no sabían ni entendían nada”.

La mujer estaba hecha para la casa y no para el trabajo. “¿Cómo va a estudiar medicina una mujer?” Preguntas como estas eran las que se hacían día a día. El mundo de la mujer se resumía a las cuatro paredes de la casa y a las cosas que había que hacer allí.

Las protagonistas

Clara Campoamor (Madrid, 1888 – Lausana, 1972)

Clara Campoamor fue una de las primeras abogadas que ha visto nacer nuestro país. Se empezó a interesar por la política al trabajar en un periódico conservador, aunque sus inquietudes ideológicas no eras precisamente esas. Primero se sintió atraída por el feminismo del PSOE, aunque viendo la pasividad de los socialistas con la dictadura de Primo de Rivera, se afilió a otras organizaciones republicanas de centroizquierda.

Al proclamarse la Segunda República, se afilió al Partido Republicano Radical, de tendencia liberal y laica. En las elecciones constituyentes del 28 de junio de 1931, fue elegida diputada por Madrid, una de las primeras tres diputadas en unas elecciones donde las mujeres no podían votar, pero sí ser votadas.

Campoamor fue una de las firmes defensoras del sufragio femenino, convenciendo en su discurso del 1 de octubre de 1931 a la mayoría del Congreso de los beneficios del derecho a voto de las mujeres para la República Española.

Por la cercanía del PRR al partido reaccionario CEDA, salió del partido en 1934, después de ser reelegida en las elecciones del 19 de noviembre de 1933. Como tantas, se tuvo que exiliar al iniciarse la Guerra Civil.

Victoria Kent (Málaga, 1898 – Nueva York, 1987)

Victoria Kent fue también una de las primeras abogadas españolas, logro aún mayor pues accedió a la carrera en plena dictadura de Primo de Rivera. Además fue la primera mujer en la historia de la Humanidad en enfrentarse a un tribunal militar como abogada, defendiendo a unos militares participantes en la Sublevación de Jaca.

Se afilió al Partido Radical Socialista (PRS) y fue elegida diputada en 1931. Se opuso al sufragio femenino, argumentando que la mujer aún estaba demasiado influenciada por la Iglesia y por sus maridos para votar libremente. Entabló una batalla dialéctica contra Clara Campoamor, pugna en la que perdió.

Durante la Guerra Civil, fue enviada como diplomática a París, para exiliarse finalmente a América.

Margarita Nelken (Madrid, 1894 – Ciudad de México, 1968)

Margarita Nelken destacó en la pintura y en la escritura, sobre todo en el ensayo político. Desde los quince años fue militante del PSOE y fue elegida diputada por Badajoz en las tres elecciones generales de la República.

Se opuso, junto con Victoria Kent, al sufragio femenino, alegando que las mujeres votarían en masa a los partidos más conservadores y monárquicos, ayudando a destruir la joven democracia.

Durante la Guerra Civil colaboró activamente en el frente y con una revista republicana, afiliándose en 1937 al PCE. Pasaría el resto de sus días en el exilio.

Artículo de la Constitución de 1931 y su aplicación

El proyecto de Constitución de 1931 solo daba el voto a la mujer soltera y a la viuda. Se argumentaba que el sufragio femenino podía ser motivo de discordia en el matrimonio, que la mujer no estaba suficientemente independizada de la Iglesia y esta podía influir en su voto. Se llegó a proponer una enmienda para restringir los derechos electorales exclusivamente a los hombres e incluso se utilizaron argumentos biológicos, como que a la mujer no la dominaba la reflexión y el espíritu crítico. Otra enmienda proponía conceder el voto a las mujeres mayores de 45 años, basándose en que la mujer era deficiente en voluntad y en inteligencia hasta cumplir dicha edad. El proyecto de Constitución de 1931 se mostraba más bien cauto con respecto a la cuestión de la igualdad de los sexos. En su redacción se proponía que se concediera “en principio” este derecho.

Sin embargo, tras la intervención de Clara Campoamor, el artículo 36 de la Constitución de 1931 quedó de esta forma: Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos según conforme la ley. De este modo, la igualdad electoral quedó asegurada.

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