“Un pequeño paso para un hombre, un salto de gigante para la humanidad”

José Fernando Pablos Navazo, profesor de Latín

En junio de 2009, la revista del instituto publicó en su edición número 6 de papel un artículo firmado por mí titulado “XL Aniversario de la llegada del hombre a la Luna”. Una década después celebramos el L Aniversario de dicha gesta y recuperamos aquel artículo en nuestra edición digital.

“El 21 de junio de 1969, tres astronautas, Neil A. Armstrong, Edwin E. Aldrin y Michael Collins, a bordo del Apolo 11, tripularon el histórico viaje en el que Armstrong se convirtió en el primer ser humano en pisar la Luna.

Eran las 04:56 del lunes 21 de julio de 1969 (en EE.UU., hora de Cabo Kennedy, eran las 22:56 del martes 20) cuando Armstrong, con sus dos pies en tierra firme, pronunció la frase: “Un pequeño paso para un hombre, un salto de gigante para la humanidad”. Pocos fueron los que comprendieron exactamente el alcance de lo que aquel astronauta quería decir. Su hazaña representaba “un salto de gigante” porque abría el camino para que la humanidad pudiera explorar otros muchos cuerpos celestes. El viaje del Apolo 11 puso de manifiesto que los habitantes de la Tierra no tienen por qué permanecer enclaustrados en ella. En aquel histórico momento se iniciaba el más largo periplo por la senda de las grandes aventuras espaciales: primero fue la Luna, más tarde se irá a Marte, luego se construirán colonias espaciales y algún día se viajará a las estrellas más próximas. Pasarán muchos años hasta que se consigan todas estas hazañas, lo importante fue dar el primer paso.

La llegada a la Luna no tuvo su origen en intereses científicos, sino políticos. Sin embargo, esta hazaña sin precedentes tuvo una gran repercusión en el campo industrial y tecnológico, pero sobre todo constituyó un hecho histórico que se adelantó en medio siglo al curso normal de la historia.

¿Ha merecido la pena?

La era espacial comienza con el vuelo del Sputnik 1 el 4 de octubre de 1957, pero sus orígenes se remontan a tiempos milenarios. Una década después del lanzamiento del Sputnik, el hombre llegó más allá de la órbita terrestre y puso el pie en otro cuerpo del sistema solar por primera vez en la larga historia de la humanidad.

¿Qué ha pasado en estos casi 50 años[1] de exploración espacial? ¿Ha valido la pena? La respuesta no es fácil. La vida moderna en la Tierra no se podría concebir sin los logros del espacio tanto en la comunicación, como en la meteorología, la conservación de los recursos naturales, la medicina… Hemos comprendido la fragilidad de nuestra Tierra, se ha explorado el sistema solar y las sondas se han alejado de él, se ha investigado la posibilidad de vida en el sistema solar y más allá.

Es realmente asombroso que se llegara a la Luna hace 40 años y no se piense en volver a ella por el momento.

¿Por qué se hizo el primer viaje a la Luna hace tanto tiempo? Es conveniente recordar el entorno histórico en el que se produjeron aquellos viajes.

Vista de la Tierra desde la Luna. Captura tomada durante el desarrollo de la misión Apolo 11. Foto NASA

Entorno histórico

El entendimiento que existió entre soviéticos y americanos para derrotar a Alemania en la Segunda Guerra Mundial no podía continuar por mucho tiempo. El socialismo soviético y el capitalismo americano eran dos sistemas políticos esencialmente antagónicos. Por eso se inició una guerra intangible, llamada “guerra fría”, con la principal finalidad de demostrar ante la opinión pública mundial la superioridad de sus respectivos sistemas políticos. En este terreno, las dos superpotencias eligieron la incipiente era espacial para hacer propaganda de sus sistemas políticos: potenciaron al máximo sus esfuerzos financieros y de investigación, sin reparar en gastos y sin pretensiones científicas. Además, la era espacial se vio impulsada por la carrera armamentista. Se creía ingenuamente que el primero que dominara el espacio exterior podría también dominar la Tierra.

El 4 de octubre de 1957, la antigua Unión Soviética sorprendió al mundo entero con la puesta en órbita del primer satélite artificial, el Sputnik 1, y un mes después los soviéticos colocaron en órbita terrestre el primer ser vivo, la perra Laika.

La cara oculta de la Luna se vio por primera vez en octubre de 1959, mediante la retransmisión televisiva de la soviética Lunik 3. Durante muchos siglos esta cara fue un gran misterio para el hombre, [que no la podía ver desde la Tierra][2].

El primer ser humano que accede al espacio exterior fue Yuri Gagarin el 12 de abril de 1961, que hizo su histórico viaje a bordo de la nave Vostok. La resonancia fue tremenda, y hasta en Estados Unidos corrió el rumor de que la próxima hazaña soviética sería enviar un satélite a la Luna y teñirla de rojo, con la hoz y el martillo incluidos.

Tanto la URSS como los EE.UU. intentaron aprovechar el inesperado efecto amplificador que proporcionaban las hazañas espaciales con intenciones claras de propaganda política. El presidente de los EE.UU. J. F. Kennedy aceptó los consejos de políticos y militares y el 25 de mayo de 1961 lanzó su famoso reto:

“Considero que este país debe fijarse el objetivo de poner un hombre en la Luna y lograr que vuelva sano y salvo a la Tierra para antes de que termine esta década”.

La hora de la verdad

Habían transcurrido poco más de diez años desde el lanzamiento del Sputnik 1,durante los cuales la actividad espacial en EE.UU. había sido muy intensa y encaminada principalmente a preparar el primer viaje del hombre a la Luna. Se habían proyectado, construido y probado un cohete gigante y una extraña nave lunar. Se habían hecho dos ensayos generales (Apolo 8 y 10) del viaje definitivo a la Luna. A pesar de su gran complejidad, toda aquella parafernalia había funcionado increíblemente bien. Ahora solo quedaba ir a la Luna, pisarla y explorarla, [aunque esto último tuviera que reducirse a zonas muy pequeñas y debiera realizarse con muy pocos medios técnicos y científicos].

Viaje de ida

El 16 de julio de 1969, a las 15 horas y 32 minutos, se lanzó la misión Apolo 11, cuyo destino era posarse por primera vez en la superficie de la Luna. Como estaba previsto, se utilizó el Saturno V, con la nave Apolo como carga útil y con los astronautas Neil A. Armstrong, comandante de la misión, Michael Collins, piloto del Módulo de Mando, y Edwin E. (Buzz) Aldrin, Jr., piloto del Módulo Lunar.

De izquierda a derecha: Neil A. Armstrong, Michael Collins y Edwin E. (Buzz) Aldrin, los tripulantes del Apolo 11. En julio de 1969 tenían 38 años. Foto NASA

Todas las fases del lanzamiento y de la inserción en órbita terrestre fueron normales. Doce minutos después del lanzamiento la nave entraba en órbita terrestre. La segunda órbita era más crítica, porque era necesario realizar la inyección que llevara de la Tierra a la Luna a 39.800 km/h para iniciar un vuelo de sesenta y seis horas hacia la Luna. La inyección efectuada puso a la nave en una trayectoria elíptica; pero como la Luna se nueve continuamente, la elipse se deforma poco a poco y adquiere la forma de un «ocho». [Esta órbita tiene la ventaja de introducir un factor de seguridad muy conveniente para las primeras horas del vuelo, pues es una órbita de «retomo directo», que en el supuesto de que algo no funcione bien, permite a la nave volver a la Tierra sin ninguna corrección de órbita y sin consumo de energía].

SATURNO V. Este vehículo de lanzamiento fue construido para enviar astronautas a la Luna. Medía 111 m de altura y pesaba 2.910 toneladas. Podía desarrollar un empuje de 3.500 toneladas y poner 140 toneladas de equipo en el espacio. Constaba de tres fases de lanzamiento, además del Módulo Lunar (Eagle), el Módulo de Servicio y el Módulo de Mando en lo más alto. Foto NASA

A las 18:49 se efectuó la maniobra de transposición, con lo que la nave Apolo quedó ya configurada en su forma final. A partir de este momento, tanto en el viaje de ida como en el de vuelta, la nave Apolo debería girar lentamente en tomo a su eje longitudinal mientras avanzaba por su órbita. El objeto de esta rotación era evitar que los rayos del Sol calentaran demasiado una de las caras de la nave al incidir constantemente sobre ella.

A las 15:27 del día 20, Armstrong y Aldrin pasaron al Módulo de Servicio para preparar la separación y el alunizaje. A las 19:46 el Módulo Lunar se separó ligeramente del Módulo de Mando y Servicio. A las 21:08 el Módulo Lunar inició un descenso balístico (sin propulsión) hacia la superficie de la Luna. Hasta el momento todo había sido perfecto y exactamente igual a como lo habían planeado y simulado en innumerables ejercicios. Sin embargo, a partir de ahora surgirían algunas dificultades, pues, en contra de lo que se ha creído, aquel histórico viaje no estuvo carente de sobresaltos. Hubo que realizar muchas maniobras que jamás se habían efectuado, salvo en los innumerables ejercicios de entrenamiento. En cualquier momento hubiera podido surgir un imprevisto catastrófico.

La maniobra de descenso tenía una duración de 1 hora y 32 minutos. Eran momentos muy tensos. En el Módulo Lunar había que hacer muchas cosas en muy poco tiempo y surgió un problema en el computador.

Alunizaje y estancia

Pocos minutos después, el Módulo Lunar, ahora en vuelo controlado, se encontraba a unos 300 m de la superficie de la Luna, cuando Armstrong y Aldrin comprobaron con estupor que se dirigían hacia un cráter del tamaño de un campo de fútbol, salpicado en sus alrededores por grandes pedruscos y algunas rocas. Evidentemente no era el lugar más apropiado para posarse.

Con el motor de descenso todavía encendido, el Módulo Lunar sobrevoló lentamente aquel lugar rocoso en busca de un sitio más nivelado y limpio. En la Estación de Seguimiento española de Fresnedillas -que precisamente en aquellos momentos era la única estación que estaba en contacto con los astronautas- se recibían los datos biomédicos de los tres viajeros. El ritmo cardiaco de Armstrong subió rápidamente, Aldrin indicaba la distancia en pies que los separaba de la Luna, solo les quedaban 30 segundos de combustible. Si se terminaba el combustible, el Módulo Lunar caería bruscamente sobre la superficie de la Luna, podría dañarse, lo que imposibilitaría el regreso. Por fin Armstrong anunció: -¡Luz de contacto. Paro el motor. «Eagle» ha alunizado!

La imagen de la huella de la bota de Aldrin sobre la superficie lunar es una de las más famosas de la misión Apolo 11. Fue tomada con la cámara de 70 mm que llevaban los astronautas y con la que querían dejar constancia de su llegada a la Luna. Foto NASA

Eran las 22:18 (hora de Madrid) del domingo 20. En Houston hubo una explosión de júbilo. El corazón de Armstrong había alcanzado las 128 pulsaciones por minuto. Segundos después, cuando Armstrong estaba aún ocupado con la desactivación del motor, Aldrin no pudo contener la emoción y, mirando a través de su exigua escotilla, empezó a describir el paisaje lunar de forma espontánea y entrecortada:

-Os contaré detalles de lo que veo por aquí, al menos lo intentaré. Parece una colección de casi todas las variedades de formas, angulosas y granulares, cualquier variedad de rocas que se pueden encontrar. Los colores varían mucho dependiendo del ángulo con que se mira… No se aprecia un color dominante; sin embargo, creo que algunos de los pedruscos y rocas, de los que hay muchísimos por aquí cerca… van a hacer muy felices por su colorido a los de ahí abajo…

El Módulo Lunar (Eagle) alunizó en la parte central de la zona ecuatorial de la Luna, al suroeste del Mar de la Tranquilidad, en un punto situado a 0,7° latitud norte y 23,4° longitud este. Es un territorio bastante llano, sin grandes rocas y alejado de cráteres de gran tamaño. El programa para una estancia en la Luna inferior a veinticuatro horas había sido establecido detalladamente, pero cuando Armstrong y Aldrin alunizaron, creyeron que no podrían dormir teniendo la Luna tan cerca, a pesar de que así había sido programado. Por eso pidieron permiso a Houston para cambiar el horario. Houston cedió y les dio permiso, con lo que la salida se adelantó al período de sueño.

A las 04:39 del día 21, Armstrong abrió la escotilla e inició lenta y cuidadosamente el descenso por la escalerilla hacia la superficie de la Luna. Un traspié ahora podría haber sido fatal. Transcurrieron diecisiete interminables minutos desde que Armstrong inició su salida por la angosta escotilla hasta que puso su pie en la Luna. Eran entonces las 04:56 del lunes 21 de julio de 1969 (En EE.UU., hora de Cabo Kennedy, eran las 22:56 del martes 20) cuando Armstrong, con sus dos pies en tierra firme, pronunció la frase:

“That’s only one small step for (a) man, one giant leap for mankind”.

Aldrin posa junto a la bandera de su país plantada en la Luna, una bandera un tanto especial pues, al no existir atmósfera, para que se mantuviera más o menos recta, ondeando, tenía un soporte en la parte superior. En la imagen se puede observar también claramente las huellas de los astronautas sobre la superficie. Foto NASA

Armstrong y Aldrin estuvieron solo 2 horas y 47 minutos fuera del Módulo Lunar, durante los cuales tuvieron una gran actividad: inspeccionar el Módulo Lunar, especialmente la etapa de descenso que les valdría de plataforma de lanzamiento, recoger 21 kg de rocas y suelo lunar, hacer muchas fotografías e instalar en la superficie lunar los dos únicos instrumentos científicos que habían llevado para dejarlos en la Luna: un detector sísmico pasivo y un retrorreflector láser para medir la distancia Tierra-Luna con gran precisión. También colocaron una especie de estandarte para atrapar partículas del viento solar, que luego [recogerían y] traerían a la Tierra [para su análisis].

Edwin Buzz Aldrin posa sobre la superficie lunar, en una icónica fotografía tomada por el astronauta del Apolo 11 Neil Armstrong, durante su paseo de 2 horas y 47 minutos. Reflejados en su escafandra su compañero y el Eagle. Foto NASA

Viaje de regreso

Una vez que Armstrong y Aldrin regresaron al Módulo Lunar, todo se desarrolló ya de forma mucho más tranquila. Lo primero fue descansar y dormir. Luego iniciar los preparativos para el regreso. Sin embargo, a pesar de la emoción de los momentos hasta entonces vividos, todavía quedaba lo más difícil por realizar.

Los dos astronautas, incómodamente alojados en la pequeña cabina de la Etapa Ascendente del Módulo Lunar, realizaron una meticulosa cuenta atrás, imprescindible en todo lanzamiento. La frágil Etapa Descendente tenía que servirles a la vez de plataforma de lanzamiento y de torre umbilical. El corazón de ambos astronautas sobrepasó las 148 pulsaciones por minuto. Por fin, a las 19:54 del día 21 de julio, se encendió correctamente aquel único y pequeño motor y se inició el viaje de regreso sin que se presentara el más mínimo problema. A las 23:35 la Etapa Ascendente, después de realizar su órbita con un segundo encendido del motor de ascenso, se acopló con el Módulo de Mando que, pilotado por Collins, los estaba esperando en órbita lunar. El acoplamiento se efectuó cuando pasaban sobre la cara oculta de la Luna.

Poco después, Armstrong y Aldrin pasaron con su valioso cargamento de rocas lunares al Módulo de Mando y se unieron a Collins, con lo que terminó felizmente su prolongada soledad. La etapa ascendente fue separada e impulsada a una órbita lejana.

Espectacular imagen de la Luna tomada durante el retorno a la Tierra del Apolo 11, a unos 18.500 kilómetros. Foto NASA

El resto del viaje (unas cincuenta y siete horas) fue tan perfecto que, a pesar de la emoción del regreso, se hizo aburrido. Finalmente, a las 18:51 del 24 de julio de 1969, la cápsula Apolo 11, suspendida de sus paracaídas, cayó suavemente sobre el Océano Pacífico, 825 millas al suroeste de Honolulú, solo a 1,7 millas del barco que la estaba esperando.

La NASA tuvo que tomar grandes precauciones para evitar que los astronautas, con las rocas y tierras que habían recogido en la Luna, pudieran traer algún agente contaminante desconocido de origen lunar. En consecuencia, tanto los tres hombres como las muestras lunares fueron sometidos a un período de cuarentena. El resultado final fue negativo: no se encontraron agentes contaminantes procedentes de la Luna.

Luna 15, sonda espacial no tripulada de la URSS

Hubo una circunstancia que añadió aún más emoción al viaje del Apolo 11. El 13 de julio de 1969, tres días antes de que partieran hacia la Luna desde Cabo Cañaveral los astronautas de la NASA, la URSS lanzó al espacio la misión Luna 15. En Occidente solo se sabía que era una sonda no tripulada, que pesaba unas seis toneladas y que se dirigía también hacia la Luna para recoger algunas muestras lunares y traerlas a la Tierra. Si hubiera sido así, la hazaña de los astronautas de la NASA hubiera quedado parcialmente devaluada. Finalmente, todas las dudas y temores se disiparon cuando el 21 de julio, poco después de que Armstrong pusiera sus pies en la Luna, la sonda Luna 15 se estrelló al intentar posarse sobre la superficie del satélite, [al parecer debido a un fallo en sus cohetes de retrofrenado].

Los viajes posteriores

Durante el período julio de 1969 a diciembre de 1972, seis naves Apolo llegarona la Luna. No pudieron explorarla extensamente debido a la brevedad de su permanencia, pero las fugaces excursiones que realizaron constituyeron el primer intento de los seres humanos por ‘explorar’ otro cuerpo celeste.»

[Hubo también una misión fallida, el Apolo 13, en el que una explosión en el Módulo de Servicio puso en peligro la vida de los tres astronautas que lo tripulaban.

Terminadas estas siete misiones lunares, la fascinación producida durante los primeros años de la era espacial desapareció rápidamente. Todos los proyectos y programas espaciales que se han desarrollado desde entonces se están sucediendo a un ritmo mucho más lento y están siendo mucho menos espectaculares.

El Gobierno de Estados Unidos ha pedido esta semana 1.600 millones de dólares (1.400 millones de euros) adicionales para poder adelantar la vuelta del ser humano a la Luna en 2024. La NASA tenía previsto volver a enviar una misión tripulada al satélite en 2028, pero Donald Trump ha ordenado que esa fecha se adelante al año final de su mandato si logra ser reelegido.

De todas formas, ningún viaje como aquel de hace 40 años, en el que por primera vez un ser humano ponía su pie sobre otro cuerpo celeste distinto a la Tierra. La Luna había iluminado a los hombres desde tiempos remotos, inspirado a pintores, escritores, cineastas. Lo ha seguido haciendo. Pero ese 20 de julio de 1969 supuso alcanzar una meta hasta entonces intangible. Tras ese pequeño paso de un hombre, es la humanidad la que debe continuar dando el gran salto que se espera de ella. Celebremos el L Aniversario como corresponde. Feliz cumpleaños.]


[1] El artículo se publicó en junio de 2009, cuando se acababa de superar medio siglo desde el comienzo de la era espacial.

[2] Los añadidos entre corchetes [  ] corresponden a la publicación actual de 2019.

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