Tras la huella de El Conde Lucanor

Alumnos de 3º de ESO componen un cuento a la manera de la obra de Don Juan Manuel.

UN GRAN NEGOCIO

Por Alberto Lázaro Alonso. 3º ESO B

Otro día hablaba Messi con su representante de esta manera:

-Pepe, un hombre me ha propuesto un negocio y me ha explicado cómo podría llevarse a cabo. Y es un negocio tan provechoso que, si Dios quiere que salga según lo previsto, me favorecerá mucho, pues cada paso que dé en ese negocio me rendirá una ganancia, al final acumularé tantos beneficios que el logro en su conjunto será mayúsculo.

Messi le contó a su representante en qué consistía el negocio y cómo había que llevarlo a cabo. Y entonces Pepe le respondió:

-Messi, siempre he oído decir que debemos atenernos a las cosas concretas y no confiar en unas ilusiones, porque de lo contrario nos pasará lo mismo que a Philippe con Mohamed.

Messi preguntó qué le había sucedido a Philippe y a Mohamed y su representante respondió:

-Lionel, hubo una vez un mercader francés, que se llamaba Philippe, que viajó al desierto del Sahara a proponerle un negocio a Mohamed, un comerciante marroquí. Philippe quería negociar con Mohamed porque era el comerciante más torpe de la red de comerciantes africanos. Al llegar al desierto, Philippe le propuso a Mohamed un cambio: “el lugar donde mejor crece el arroz es aquí, en el Sahara, por lo que te propongo un cambio: yo te daré semillas de arroz suficientes para que plantes 2.000 áreas de terreno, y a cambio me tienes que dar una bolsa con 1.000 monedas de oro”.

El comerciante aceptó el trato, y le dio la bolsa con las monedas de oro a cambio de las semillas de arroz. Mohamed pensó que el trato le beneficiaba a él, porque iba a recuperar el valor de las monedas de oro que le había dado a Philippe. Empezó a pensar que con todo el dinero que iba a ganar podría convertirse en el rey de Marruecos, tener un palacio enorme para vivir y todos los caprichos que quisiese, así que plantó las semillas de arroz. Pasaban los meses y el arroz no crecía, de manera que fue a preguntar a los demás comerciantes por qué no crecía el arroz. Estos se rieron de él; le explicaron  que el mercader francés le había engañado, porque el arroz no puede crecer en un desierto, ya que el terreno y el clima lo impiden, por lo que se había arruinado al hacerse tantas ilusiones y confiar en el absurdo trato que le propuso el francés.

-Así que, Messi- concluyó Pepe, su representante-, si deseáis obtener auténticos beneficios, os conviene confiar siempre en cosas razonables y no en ilusiones vanas. Y si queréis arriesgaros en algún negocio por probar fortuna, hacedlo siempre sin aventurar nada que sea de valor.

A Messi le gustó lo que su representante le dijo, y siguió su consejo y le fue bien. Y como a Piqué le agradó mucho el cuento de Pepe, hizo que lo copiaran en estas páginas y escribió este refrán que dice así:

Quien vive de ilusiones, muere de decepciones.

LA JOVEN, LA ANCIANA, EL GATO Y EL RATÓN

Por Javier Paradinas Lázaro. 3º ESO A

Un día hablaba una joven mujer de Villoruela con su anciana vecina, su consejera, y le decía:

-Una amiga mía de toda la vida, en quien confío mucho, me ha aconsejado que salga con el apuesto hombre que ha venido a vivir al pueblo, pero no lo conozco de nada y me gustaría que me aconsejarais sobre lo que me conviene hacer en este caso.

-Querida vecina -dijo la anciana-, para aconsejaros en esto desearía que supieses lo que sucedió a un señor con un ratón en su castillo.

La joven preguntó qué le había sucedido y la anciana respondió:

-“Había una vez un señor que vivía en un castillo  y tenía serios problemas en su hogar por un ratón que se pasaba el día entero comiendo en la cocina.

Desesperado ante tal situación, decidió llevar un gato. El primero que llevó era un animal impresionante, hermoso y fuerte, pero poco inteligente y el ratón se burlaba de él. Llevó un segundo gato, más inteligente y astuto que el anterior, pero el ratón, aún más listo que él, merodeaba por la cocina solo cuando este estaba dormido.

Ante tal situación y ya desesperado, un vecino le llevó un gato torpe y soñoliento que se pasaba el día dormido en un rincón. El ratón, confiado en que el gato no se movía y por tanto no podía atraparlo, se paseaba junto a él sin que este le hiciera caso. Hasta que un día el gato lo atrapó de un zarpazo”.

-En cuanto a ti, joven muchacha- concluyó la anciana-, si tenéis dudas os diré que a veces, quien menos te lo imaginas, puede sorprenderte.

No te dejes sorprender por las apariencias, juzga a la gente por sus actos.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *