Joker, de Todd Phillips

CARLOS YUSTE YUSTE. Profesor de Geografía e Historia.

El próximo 9 de febrero la Academia de Cine de Hollywood entregará los premios Oscar 2020. Entre las películas candidatas encontramos a la triunfadora de los Goya, Dolor y gloria, de Pedro Almodóvar, que aspira al premio a la mejor película extranjera, y a Klaus, de Sergio Pablos, candidata a mejor película de animación. También Antonio Banderas, protagonista en la cinta de Almodóvar, podría recibir el premio al mejor actor.

Pero no voy a hablar aquí del cine español más internacional, absolutamente recomendable, por supuesto. No, aprovecho el espacio que nos ofrece la revista digital del IES, Cosas del Senara, para comentar y compartir con los lectores algunas impresiones sobre la película que más me ha impactado en los últimos años. Sí, años. Es Joker, de Todd Philips, con el grandísimo Joaquin Phoenix interpretando, seguramente, a uno de los “mejores” malos de la historia del cine. Cuando se lea este artículo ya se sabrá quiénes son los triunfadores de los Oscar; mi apuesta hoy, viernes 7, es Joker.

Para la generación que crecimos en los años ochenta, el cómic fue, y aún es, un referente cultural importantísimo; muchos empezamos a aficionarnos a la lectura leyendo cómics. El éxito que actualmente tienen las películas de superhéroes se explica en gran parte por eso. La industria estadounidense ha sabido aprovechar este filón emocional para hacer caja, pero a costa de la calidad y el prestigio del arte cinematográfico. El pasado noviembre se publicó en prensa un artículo de Martin Scorsese titulado: “Por qué las películas de Marvel no son cine”. El título lo dice todo. El reconocido e influyente director neoyorquino explicaba su polémica afirmación: “Dije que había intentado ver algunas de ellas y que no eran para mí, pues se me parecían más a parques de atracciones que a películas tal como las he conocido y amado durante mi vida […], son productos perfectos para el consumo inmediato, mero entretenimiento audiovisual.” Para Scorsese “el cine es un arte que nos trae lo inesperado, una revelación estética, emocional y espiritual […], que gira en torno a los personajes: la complejidad de las personas y sus naturalezas contradictorias y a veces paradójicas, su capacidad para herirse y amarse unos a otros y, súbitamente, enfrentarse a ellos mismos”.

No puedo estar más de acuerdo con estas afirmaciones. El director continuaba explicando las razones que, según él, han llevado a que este tipo de películas sean las que copen las carteleras de cines y se conviertan en las más taquilleras. El tema es sin duda complejo y polémico, y daría para un buen debate.

Pero si lo he traído aquí es para destacar que Joker no es una simple película de entretenimiento basada en un personaje de “tebeo”. No, en mi modesta opinión, Joker es cine, gran cine, cine como el que reivindica Scorsese. Sin desvelar nada importante, se puede decir que el director, Todd Phillips, nos lleva a los orígenes del personaje de una manera realista, y nos descubre una historia dura, cruda, y oscura, muy oscura. En esto también me parece magnífica: no es una simple adaptación más del cómic (ya se han hecho varias), sino que aporta algo nuevo: es una versión que nos desvela algo muy profundo que aún desconocíamos. Al mismo tiempo, los escenarios, la iluminación, el color, los recursos técnicos… crean una estética fiel a las versiones más oscuras del cómic (como el Batman de Frank Miller), tanto que hay fotogramas que son propiamente viñetas.

Quienes han visto la película coinciden en algo: el espectador no pestañea en las dos horas que dura la película, te mantiene completamente atrapado, sales del cine en un estado casi de “shock”. Sin duda, en gran parte se explica por la extraordinaria actuación de Joaquin Phoenix, el actor protagonista. ¡Impresionante! Su trabajo para convertirse en Joker ha debido ser enorme, pues lo que el espectador ve es un personaje absolutamente real, su risa será recordada mucho tiempo. La analogía con Taxi Driver y el personaje que interpreta Robert de Niro en el filme de Scorsese es inevitable, y así lo ha reconocido el director.

Aunque ya tenía referencias de la película, lo que me llevó definitivamente a las salas de cine fue escuchar en la radio la opinión del periodista y crítico Carlos Boyero. En la línea de lo aquí apuntado, Boyero explicaba que Joker no es mero espectáculo visual, sino que tiene mucho, mucho contenido, que hace pensar al espectador. Y es verdad, Joker no es una película fácil; de hecho, en ciertos ámbitos, sobre todo en EE.UU., se ha afirmado que es una película subversiva, que justifica la violencia, o que la convierte en algo “romántico”. No lo sé, puede ser, pero lo que es indudable es que te hace pensar. Y creo que aporta algo de gran valor: a través de la ficción nos enseña que no existe el bien absoluto ni el mal absoluto, que la realidad y la vida tienen matices, y que detrás de lo que vemos, por mucho que nos duela o nos cause rechazo, casi siempre hay causas, hay razones.

Cierro el artículo, no puede ser de otra forma, recomendando ir al cine a ver Joker, antes de que sea retirada de la cartelera, aunque quizá permanezca algún tiempo, si es que finalmente resulta ganadora de alguno de los premios Oscar a los que aspira. Es, sin duda, una película para disfrutar en la gran pantalla y, si es posible, en versión original. Verdadero cine, que diría Scorsese.

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