Adiós a un veterano

Manuel Ángel Calvo Gutiérrez se despide tras quince años de docencia en el instituto

REDACCIÓN DE COSAS DEL SENARA

Durante la I Carrera Solidaria, en diciembre de 2012. Manuel, el único que está pendiente del fotógrafo, domina el panorama desde la altura de su atalaya. FOTO: JF Pablos

Manuel Ángel Calvo Gutiérrez, profesor del Departamento de Tecnología, en comisión de servicios desde el curso 2005/2006 en el IES Senara, deja el centro por traslado a un instituto de Salamanca. La redacción de Cosas del Senara, de manera telemática por el estado de alarma decretado con motivo de la CoVid-19, le ha hecho una entrevista en la que desglosa su pasión por las Ciencias, su afortunada experiencia con aquellos jóvenes maestros, su mirada de Las Villas y su experiencia como jefe de estudios.

En cuanto a tu formación, ¿cuál era tu sueño de pequeño?

De pequeño disfrutaba mucho dibujando coches, edificios, puentes… y construyendo cosas. Creo que me gustaba todo lo relacionado con la ingeniería o la arquitectura.

¿Cuándo decidiste estudiar la carrera que te ha formado? ¿Por qué? ¿Tenías otras opciones?

Durante la educación secundaria siempre tuve claro que lo que lo mío eran las ciencias. Aunque también me gustaba mucho, por ejemplo, la historia y la filosofía, tenía claro que lo que quería estudiar era alguna carrera científica. Decidir cuál de ellas no fue tan fácil. Al principio pensaba que estudiaría ingeniería industrial. Posteriormente me di cuenta de que cada vez me atraía más la química, todo ese mundo de los átomos, las moléculas, los moles…  me apasionaba.

Para estudiar ingeniería tenía que irme fuera. En cambio, Química lo podía estudiar en Salamanca, donde yo ya vivía con mis hermanos que también estudiaban. Creo que eso fue lo que definitivamente me hizo decantarme por la química.

¿En qué momento supiste que la enseñanza era tu vocación?

Mientras estudiaba la carrera, la verdad que no pensaba en ser profesor, me veía más en un laboratorio o industria química. La mayoría de los que terminábamos la carrera realizábamos el curso de aptitud pedagógica (CAP), que aquí en Salamanca se podía hacer de una manera relativamente fácil y en pocos meses. Yo lo hice por no cerrar ninguna puerta y tener esa opción laboral, pero no lo tenía claro.

Lo que sí es cierto es que en cuanto empecé a trabajar en la enseñanza, no tuve dudas de que me iba a dedicar a ello.

De no haber sido profesor, ¿en qué otra profesión te verías realizado?

En cualquier tipo de industria química. También me gustaba y me sigue gustando la enología. Incluso barajé la posibilidad de realizar un master especializado en dicha disciplina, en Valladolid. Al final empecé a trabajar y lo descarté.

¿Has tenido algún profesor que te haya influido especialmente?

He tenido varios, durante el instituto, durante la carrera…, pero sobre todo dos maestros que tuve en la escuela de mi pueblo. En los últimos años de EGB llegaron profesores nuevos a sustituir a los que se jubilaban y recuerdo que fue un cambio enorme en todos los aspectos, metodológicos y de trato al alumnado, sobre todo en cuanto a motivación. Disfrutaba yendo a la escuela y aprendiendo. Ellos me dieron confianza y me hicieron ver que yo era capaz de estudiar lo que quisiera.

Un lugar favorito en todo el mundo:

Cualquiera que tenga playa. Me encanta el mar.

Jugando al fútbol con niños marroquíes. Foto: N del Río

En cuanto a tu trayectoria profesional, antes de llegar al IES Senara, ¿qué otros destinos han marcado tu trayectoria profesional?

Estuve trabajando en un laboratorio de análisis de alimentos y de control sanitario, pero al mismo tiempo me preparaba las oposiciones para profesor de secundaria con la idea de que era lo que quería.

¿Cómo caracterizarías a los alumnos y al instituto de Babilafuente?

A los alumnos como buenas personas, gente noble y honesta. Al instituto como familiar y muy acogedor.

Si tuvieses que elegir un momento en el IES Senara, ¿cuál sería?

Durante 15 años ha habido muchos momentos muy buenos. Los primeros años que empecé como Jefe de Estudios fueron apasionantes. Recuerdo mucho trabajo, pero también mucho aprendizaje y mucha satisfacción de saber que realmente estábamos volcados en dar un impulso nuevo al instituto.

Un bocadillo grande para un gran hombre. Huerta, fin de curso 2017/2018. FOTO: JF Pablos

¿Podrías definir el IES Senara con tres palabras?

Familiar, acogedor y agradable. Y para mí, además, inolvidable.

Tu experiencia como jefe de estudios sin duda te ha proporcionado un conocimiento mayor, o diferente, del centro. ¿Cómo valoras esa experiencia?

La experiencia profesional más exigente que he vivido, pero a la vez más enriquecedora. Durante esos años aprendí muchísimo, sobre todo de mis compañeros de equipo directivo, Fernando Pablos y Fernando Vázquez. Fueron años de mucho trabajo, pero muy satisfactorios a nivel profesional y humano.

¿Qué ha sido lo más satisfactorio de tu trabajo? ¿Y lo más ingrato?

Lo más satisfactorio ha sido el cariño que he recibido tanto de los compañeros, como de los alumnos, incluso de las familias. Me he sentido muy querido, y lo digo de corazón.

Siempre que he coincidido con alumnos fuera del centro me han saludado con mucho afecto y es muy gratificante.

Sinceramente no recuerdo nada realmente ingrato, solo cosas insignificantes que no merece la pena ni comentar.

Gesto habitual de buen humor de Manuel. Graduación de los alumnos de 2.º de bachillerato del curso 2015/2016. FOTO: JF Pablos

¿Qué expectativas tienes en tu nuevo destino?

Para mí empieza una etapa nueva, en un instituto de la capital. Yo siempre he dicho que prefiero a los alumnos de los pueblos, porque como yo también soy de pueblo, creo que los entiendo mejor. Ahora eso va a cambiar y aunque estoy seguro de que voy a echar mucho de menos el Senara, afronto esta nueva etapa con mucha ilusión.

Si quieres añadir algo, este es el momento.

Por supuesto, quiero dar las gracias a toda la comunidad educativa del IES Senara, a los alumnos, a las familias, a todos los compañeros y compañeras de trabajo que he tenido durante todos estos años. Como he dicho anteriormente, me he sentido muy querido.

Realmente no siento que esto sea un adiós porque en Babilafuente dejo muchos amigos. Os voy a echar mucho de menos a todos.

Muchos se preguntan con quién van a discutir de fútbol a partir de ahora los lunes por la mañana, con quién se van a echar unas risas, quién va a ayudar a los alumnos en sus cuitas… Todos vamos a quedarnos más sordos, más solos. Se va un hombre grande con un gran corazón. Y se lleva un secreto: cómo conseguir no haber discutido con nadie, pese a haber sido jefe de estudios durante cuatro años y tras quince en el IES Senara. Ese es su secreto y esa es su virtud. Muchas gracias, Manuel. Esta es y seguirá siendo tu casa.

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