Despedida a la francesa

ROBERTO SANTIAGO BARRIOS. Alumno de 2.º Bachillerato HCS

Grupo de alumnos de Bachillerato. FOTO: R. Navarro

Todo el mundo sabe que las dos cosas más difíciles en la vida son decir hola por primera vez y adiós por última. Las despedidas no siempre son fáciles y esta no es precisamente la manera en la que a todos nos hubiese gustado pasar página. Si esta pandemia nos ha arrebatado algo tan fundamental y tan humano como son las despedidas, por fortuna lo que nunca podrá arrebatarnos serán las experiencias y recuerdos que hemos vivido aquí, en el Senara. En el edificio de tejado azul hemos forjado amistades, nos hemos cultivado como personas y hemos aprendido a ver la vida de una manera muy distinta a la que ya conocíamos.

Nuestro paso por este centro ha sido una parte fundamental en nuestro aprendizaje y en nuestro camino hacia la edad adulta. Todo ello no habría sido posible sin el día a día, sin la convivencia diaria con nuestros compañeros, vosotros, los que fuisteis y los que habéis sido hasta hace poco, con quienes hemos vivido experiencias imborrables, excursiones inolvidables y clases cuanto menos divertidas y que, sin lugar a duda, siempre recordaremos con nostalgia y sobre todo con el afecto de quienes hicieron que nuestro paso por este instituto fuese más lo más llevadero y divertido posible.

Una labor esencial en nuestra formación ha sido el trabajo desempeñado por todos los profesores, quienes a través de los años nos habéis impartido clase y ayudado a salir hacia adelante en las situaciones más difíciles y complicadas. Aunque me resulta imposible nombraros a todos, mención aparte merecéis todos aquellos quienes durante estos largos meses de confinamiento nos habéis ayudado y os habéis esforzado tanto para que pudiésemos ir lo más preparados posibles a la EBAU. A todos vosotros os debemos el más sincero y profundo de los agradecimientos.

Fundamentales han resultado también quienes fuera de las aulas siempre estaban allí para hacernos la vida lo más llevadera posible. Me refiero, cómo no, a Juan y Lucía, siempre tan atentos y entregados con todos y cada uno de los alumnos, o a Manuel quien, parapetado tras esa mesa y armado con un boli, nos ha ayudado siempre con el abundante papeleo de la administración. Y cómo olvidarse de Mariola, en cuyo santuario, la cafetería, nos hemos refugiado durante tantas horas libres.

Me gustaría terminar este artículo, el último que publicaré en esta revista, agradeciendo al director de la misma, Fernando Pablos, el gran trabajo que ha realizado y que sin duda alguna seguirá realizando en ella y, además, por brindarme la oportunidad de escribir y plasmar en las páginas mis opiniones y pensamientos de la manera más libre posible.

Huerta. Fin de curso 2017/2018. FOTO: JF Pablos

No quiero terminar sin dirigirme a todos los que permaneceréis en el instituto por algún tiempo. Permitidme que os sugiera que no desaprovechéis ninguna de las oportunidades, excursiones y actividades que desde el centro se os ofrezcan, porque ellas también forman parte del aprendizaje, y estoy seguro de que son las que a lo largo de los años más recordaréis y os puedo asegurar que lo haréis con más cariño. Procurad también aprender y cultivaros al tiempo que interactuáis con vuestros compañeros, con los que seguro forjaréis amistades que perdurarán mucho después de haber abandonado el instituto.

Y hasta aquí llegamos, doy por finalizado este artículo con este proverbio tibetano:

           Acepta lo que es,
               deja ir lo que fue
                  y confía en lo que será.

Gracias por todo y hasta siempre.

Roberto Santiago Barrios. Alumno del IES Senara.

Fachada del IES Senara. FOTO: JF Pablos

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