Irse

LUCÍA SÁNCHEZ DE LA TORRE. 2.º Bachillerato HCS

IMAGEN: Lucía Sánchez de la Torre

Se me retuerce el alma cada vez que echo la vista atrás y veo a mi gigante naranja de cabello azulado. No encuentro forma de que ya no duela aquel adiós rápido y alarmante. Ni siquiera tenía certeza de si sería un “hasta nunca” o un “hasta luego”; yo deseaba volver a acariciar su tez limón. No esperaba tanto como lo que vino, mucho menos lo que crecí. Solo esperaba, con los labios abrazados en rabia, que las puertas se abrieran, los fluorescentes se encendieran y las voces se escucharan. Las despedidas son difíciles, aun más si no sabes cómo ni cuándo volverás a tu segundo hogar.

Un viernes cualquiera te despierta un rayo solar que se cuela por la persiana y un día después te despierta una penumbra de luto tocándote el hombro de madrugada. Suponía que ocurriría, las nubes negras se ven venir a lo lejos; sin embargo, jamás pensé que me afectaría tanto. Lo sentí. Lo abracé. Me aferré al lapicero. Pero el miedo es miedo… Sentir un cisne negro abrir sus alas detrás de ti, oler el lirio en la habitación de papá, o que la vida de la vieja abuela se pinte de verde… Miedo, intriga, angustia…

Fue viernes trece el día que salí por la puerta de atrás con los libros mareados en la mochila y la duda de si ocurriría. Risas y ánimos por no volver se convirtieron en uñas mordidas con el tiempo. Fueron horas veloces corriendo en el jardín y, a veces, terriblemente lentas procesionando las torrijas. Días de mirar por la ventana las nubes flotar y días de pintar con acuarelas un atardecer en el balcón. Semanas de espera que se fugaron por la puerta entreabierta de mi cuarto. Y meses de libertad que llegaron saludando con aromas cálidos. No fue todo dientes temblando.

Extrañé mi alarma de las ocho menos cuarto. ¡Nunca imaginé que lo haría! Extrañé su techo de chapa, un balón botando en su gimnasio. Extrañé el bocata en el radiador con las chicas, los campeonatos del recreo. Extrañé las conversaciones de los cinco minutos, esperar el autobús. De tanto extraño, aguardo el catorce de septiembre con inquietud.

Irse del Senara tomó cinco minutos de camino al autocar. Volver al Senara ha tomado medio año de trayecto alarmista.

Volvemos.

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2 Respuestas

  1. Ramón dice:

    Me gusta.
    Todos deberíamos tener ese sentimiento. Se nota que sale de los adentros y las ganas de ponerse al día.
    Gracias.

  2. Paz dice:

    Un hermoso artículo. Trasmite emoción, sensibilidad, rica vida interior, madurez.
    Enhorabuena Lucia y enhorabuena también al equipo que dirige la revista, por el contenido y por el diseño que no es el habitual de este tipo de publicaciones

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