Bartolo y sus cosas (La sabiduría de los refranes)

30596__121_a_1

En la primavera de 1972, Bartolo se levantaba de mala gana todos los días para ir a la escuela. Su padre, un pastor que cuidaba ovejas desde los  catorce años, le repetía cada mañana: “A quien madruga, Dios le ayuda”. Él le miraba con asombro, porque pensaba que a él, que llevaba toda su vida madrugando, no le había ido muy bien. Le decía: «Papá, ¿para qué madrugas tanto?». Y su padre le respondía: “A la fuerza ahorcan”, pero él no lo entendía nunca.

Una tarde, Bartolo se fue con sus amigos a la fuente del pueblo, un lugar alejado en el que los chavales se divertían tirando piedras a las ranas. Se hizo de noche y, cuando volvieron, sus padres les andaban buscando preocupados. Por eso, Bartolo recibió una colleja y, protestándole a su padre, éste le contestó: “A hijo malo, pan y palo”. Esto sí lo entendió Bartolo, que agachó la cabeza y entró en casa.

Un día en que tenía mucho que estudiar y no tenía ganas, se fue a la iglesia del pueblo a rezar para aprobar. Las vecinas que le vieron le preguntaron qué hacía allí, y él les contestó: “He venido a pedirle a Dios que me ayude a aprobar”; y ellas, riéndose de él, dijeron: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

 

Juan Andrés Lázaro Sánchez  (2º de ESO B)

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *