{"id":1220,"date":"2018-10-30T11:09:34","date_gmt":"2018-10-30T11:09:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/?p=1220"},"modified":"2018-10-30T11:09:34","modified_gmt":"2018-10-30T11:09:34","slug":"el-pasador-capitulo-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/?p=1220","title":{"rendered":"El \u00abpasador\u00bb (cap\u00edtulo II)"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">La \u201cWall\u2019s Avenue\u201d era una de las calles m\u00e1s concurridas y dispares de la ciudad.\u00a0<\/span><\/p>\n<div id=\"attachment_1222\" style=\"width: 380px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/Greenwich-Village.jpg\"><img aria-describedby=\"caption-attachment-1222\" decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"wp-image-1222\" src=\"http:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/Greenwich-Village-300x199.jpg\" alt=\"Greenwich Village\" width=\"370\" height=\"246\" srcset=\"https:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/Greenwich-Village-300x199.jpg 300w, https:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/Greenwich-Village-1024x680.jpg 1024w, https:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/wp-content\/uploads\/2018\/10\/Greenwich-Village.jpg 1504w\" sizes=\"(max-width: 370px) 100vw, 370px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-1222\" class=\"wp-caption-text\">Esperanza Rodr\u00edguez<\/p><\/div>\n<p><span style=\"color: #000000\">A un lado de esta, edificios antiguos de piedra. Edificios elegantes, se\u00f1oriales, decorados con escudos y estatuas que sobresal\u00edan de la pared como si emergieran de ella. En la planta baja, tiendas de los m\u00e1s importantes y selectos artesanos de la ciudad, los m\u00e1s caros y exquisitos, solo reservados para los burgueses industriales y los pomposos arist\u00f3cratas. En las dem\u00e1s plantas, oficinas y viviendas igual de selectas que las tiendas que ten\u00edan debajo. En esa acera se pod\u00edan ver hombres algo gordos, con grandes sombreros de copa ancha o modestos bombines, y mujeres engalanadas con vestidos largos y sedosos. Los ni\u00f1os corr\u00edan de aqu\u00ed para all\u00e1, pidiendo a sus padres cualquier tipo de juguete o persiguiendo a los p\u00e1jaros que se atrev\u00edan a picar el suelo de las terrazas, en busca de alguna miga o resto de comida.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">En el otro extremo, altas construcciones de ladrillos otrora naranjas, ahora grises por la suciedad y el paso del tiempo. Se antojaban dispares, monstruosos, con sus muchas imperfecciones y roturas: una ventana rota por all\u00ed, un canal\u00f3n partido que dejaba caer el agua a plomo contra el suelo, una tejado a punto de precipitarse que nadie hab\u00eda tenido el cuidado (o el dinero) de arreglar. En la planta baja no hab\u00eda lujosas tiendas, sino tabernas de mala muerte, alg\u00fan que otro fumadero y ultramarinos que cerrar\u00edan si existiera alg\u00fan tipo de control sanitario. A los hombres no les sobraban las carnes, m\u00e1s bien al contrario, y a algunos el cord\u00f3n de esparto no les serv\u00eda para sujetar su remendado pantal\u00f3n y ten\u00edan que parar constantemente a sub\u00edrselos. Las mujeres parec\u00edan ancianas, ya fuese por su constituci\u00f3n demacrada y sus andares err\u00e1ticos o por sus rostros distantes y fr\u00edos. Y los ni\u00f1os&#8230; \u00a1Ay, los ni\u00f1os! All\u00ed no perd\u00edan el tiempo en perseguir aves, sino en fijarse en cuando el vendedor se despistaba, para robarle algo para llevarse a la boca.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">Tan solo una avenida ajardinada, asfaltada con piedra, separaba estos dos mundos tan distantes y pr\u00f3ximos a la vez, de tanto odio rec\u00edproco y tanta necesidad mutua.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">Adam caminaba por la segunda parte; se sent\u00eda m\u00e1s c\u00f3modo entre los de su \u00edndole, y adem\u00e1s se hab\u00eda vestido como uno de ellos: una camisa blanca, una chaqueta marr\u00f3n, unos pantalones de pana y una boina. Gir\u00f3 por una de las calles. Pronto el asfalto pas\u00f3 al barro. Seg\u00fan le hab\u00edan dicho, en esa calle, \u201cFebruary Road\u201d, se encontraba la cafeter\u00eda \u201cBrave New World\u201d. Sigui\u00f3 caminado, mirando a todos lados: nunca se sab\u00eda cu\u00e1ndo un ladr\u00f3n te podr\u00eda atracar, aunque \u00e9l solo llevaba encima el rev\u00f3lver ya cargado y con el seguro puesto, las llaves de su casa y una \u201clabrack\u201d para tomar algo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">Y por fin lo vio. El establecimiento estaba anunciado por un cartel que destacaba por su limpieza y la bonita caligraf\u00eda en cursiva. Entr\u00f3. El ambiente ol\u00eda a tabaco, algo poco usual, porque normalmente los bares de esa parte de la ciudad ol\u00edan a v\u00f3mito y a suciedad.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">El local estaba lleno hasta arriba; ni un \u00e1nima m\u00e1s entraba ya all\u00ed. Sobre un altillo estaban los hombres que buscaba, no cab\u00eda duda. Uno de ellos llevaba un traje completamente negro y una camisa beis interior. Ten\u00eda un imponente bigote oscuro y una frondosa barba que se un\u00eda a una cabellera que empezaba a claudicar ante la edad. Se apoyaba con el codo en el pasamanos de la escalera, esperando a comenzar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">El otro vest\u00eda de una manera m\u00e1s elegante, con una corbata y un chaleco gris interior que se asomaba por encima de su chaqueta. Su barba no era menos frondosa; sin embargo, carec\u00eda de patillas y ten\u00eda m\u00e1s pelo que su compa\u00f1ero. Se sentaba en el taburete acolchado del piano que presid\u00eda el caf\u00e9.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">La gente los observaba expectante, algunos cuchicheando, algo inusual entre los toscos modales de los obreros. No obstante, hab\u00eda algunos hombres y mujeres que destacaban&#8230; Parec\u00eda que solamente Adam se hab\u00eda fijado en sus muecas serias y en sus cabelleras rojas. Todos ellos parec\u00edan seguir un mismo patr\u00f3n de vestimenta, ten\u00edan un chaleco \u201cbilly-goat\u201d. \u00bfSer\u00edan los enviados del capo?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">Por fin, el que se apoyaba en la escalera, viendo que todo estaba a punto, se decidi\u00f3 a hablar saliendo de su postura.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">-Hola, amigos -dijo con una voz c\u00e1lida-; yo soy Karster Maier y \u00e9l es Fremont Engraf.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">-En efecto- corrobor\u00f3 el otro, levant\u00e1ndose-. Hoy, como es costumbre en cada domingo, nos gustar\u00eda hablarles de un tema que nos afecta a todos. Pero primero nos gustar\u00eda celebrar que por fin hayamos alcanzado ese objetivo tan primordial del descanso dominical. Todos nosotros, compa\u00f1eros, hemos demostrado que la lucha de las Uniones sirve para alcanzar nuestros leg\u00edtimos objetivos -a\u00f1adi\u00f3, cerrando en pu\u00f1o en un movimiento en\u00e9rgico. La sala se llen\u00f3 de aplausos. Pero \u00e9l segu\u00eda pensando en cu\u00e1l ser\u00eda el mejor momento para ejecutar su plan. El sudor le recorr\u00eda la espalda y hasta el pulso le temblaba&#8230; nunca hab\u00eda asesinado a alguien.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">-No obstante, tenemos que advertirles hoy de un peligro -retom\u00f3 Fremont cuando cesaron los aplausos-. Pero no es un peligro al uso; puede afectar hasta a la mism\u00edsima reina Verity, pero sobre todo a nosotros, pues somos los m\u00e1s vulnerables. He o\u00eddo de madres que administran esa maldici\u00f3n blanca a sus hijos para mantenerlos tranquilos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">-No podemos permitir&#8230;<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">Las puertas de la entrada se abrieron de sopet\u00f3n, interrumpiendo a Karster. Un polic\u00eda vestido de azul le interrumpi\u00f3 de forma brusca, dejando a todo el mundo desconcertado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">-\u00a1En nombre de la reina y del juez superior William Goldman! \u00a1Karster Maier y Fremont Engraf, qued\u00e1is detenidos! -inform\u00f3, titubeante; parec\u00eda un agente joven.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">Karster alz\u00f3 las manos intentando llamar a la tranquilidad, pero no fue suficientemente r\u00e1pido. Un joven, de apenas diecis\u00e9is o diecisiete a\u00f1os, sac\u00f3 con un movimiento \u00e1gil un cuchillo y le clav\u00f3 el arma al agente en un costado. El guardia agarr\u00f3 con espanto la empu\u00f1adura y se desplom\u00f3 sobre el suelo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #000000\">Tras un ef\u00edmero silencio donde todos contuvieron la respiraci\u00f3n, los cristales se rompieron ante los impactos de las fugaces balas. La gente se pon\u00eda a cubierto como pod\u00eda, detr\u00e1s de las mesas, detr\u00e1s de la barra o detr\u00e1s de los barriles. Sus dos objetivos estaban agachados a apenas cinco pasos, pero el ruido del fuego a discreci\u00f3n y los gritos aterrorizados de las personas le hab\u00edan aturdido&#8230; hasta que un trozo de metralla le atraves\u00f3 el hombro. Cay\u00f3 al suelo con la vista ennegreci\u00e9ndose, como si estuviese entrando en la cueva de Cerbero, a la espera de su juicio.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><span style=\"color: #000000\">CONTINUAR\u00c1<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><span style=\"color: #0000ff\"><strong>Manuel de Castro de Diego\u00a0 (Cuarto de ESO &#8211; B)<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; La \u201cWall\u2019s Avenue\u201d era una de las calles m\u00e1s concurridas y dispares de la ciudad.\u00a0 A un lado de esta, edificios antiguos de piedra. 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