{"id":1928,"date":"2020-05-12T14:16:59","date_gmt":"2020-05-12T14:16:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/?p=1928"},"modified":"2020-05-12T14:17:02","modified_gmt":"2020-05-12T14:17:02","slug":"stalingrado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/?p=1928","title":{"rendered":"Stalingrado"},"content":{"rendered":"\n<p>MANUEL DE\nCASTRO DE DIEGO. 1\u00ba Bachillerato HCS<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"575\" src=\"http:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/Fuente_barmalej-1024x575.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1537\" srcset=\"https:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/Fuente_barmalej-1024x575.jpg 1024w, https:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/Fuente_barmalej-300x168.jpg 300w, https:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/Fuente_barmalej-768x431.jpg 768w, https:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/Fuente_barmalej.jpg 1440w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Toqu\u00e9 el\nfusil: todo de hierro fr\u00edo y madera muerta.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese\nmismo instante, detr\u00e1s de los cascotes de un antiguo edificio, recordaba mi\nhogar, ahora destruido. Los soldados llegaron del este en una camioneta. Era un\nd\u00eda plomizo, nevaba ligeramente -cosa rara en un invierno ruso- y estaba\ncortando le\u00f1a en un toc\u00f3n. Bajaron y me saludaron con la rectitud de un\nmilitar. Hice lo propio. Me dijeron que deb\u00eda quemar la casa, que tomase todo\nlo que pudiese y que marchase hacia Stalingrado; los alemanes llegaban y no\nhab\u00eda tiempo que perder. Les pregunt\u00e9 si ten\u00eda opci\u00f3n a negarme. Me\nrespondieron con vehemencia que si quer\u00eda mantenerme vivo y defender mi pa\u00eds,\nno me quedaba otra opci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cog\u00ed todo\nlo que pude meter en mi carro, prend\u00ed fuego a la casa y me fui todo lo r\u00e1pido\nque pude, ya que la radio anunciaba el r\u00e1pido avance de esos perros. \u00bfUstedes\nsaben lo duro que es para un joven de veinte a\u00f1os abandonar su hogar, donde han\nvivido tus antepasados por siglos? Bueno, claro, c\u00f3mo lo van a saber&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Dir\u00eda que,\ncuando entr\u00e9 ese diecisiete de julio en la ciudad, cay\u00f3 la primera bomba.\nDespu\u00e9s no me qued\u00f3 otra opci\u00f3n que alistarme en el Ej\u00e9rcito Rojo, en parte\nobligado, en parte porque me sent\u00eda con el deber. El primer d\u00eda que me met\u00ed en\nla trinchera, estaba ilusionado, casi feliz de defender nuestra causa. Qu\u00e9 equivocado\nestaba&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que\nm\u00e1s tem\u00eda eran los aviones. No solo eran las bombas, que acabaron por derruir\ntoda la urbe, sino ese silbido que hac\u00edan al caer, como anunciado la muerte y\nla destrucci\u00f3n. Record\u00e1ndolo se me eriza el vello. Y no eran los cazas o\nbombarderos como los tanques, que eran inutilizados al acabar con ellos; sino\nque, si algun sovi\u00e9tico los derribaba, se convert\u00edan en misiles sin control. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Oh! Y\nStalingrado. Una bella ciudad a las orillas del Volga aniquilada, despedazada\nante mis ojos. Los parques donde anta\u00f1o los ni\u00f1os pasaban las tardes estaban\nrepletos de minas; y en el campo de f\u00fatbol ahora era la parca quien jugaba el\npartido. \u00a1Dios!, solo con subir el cerro donde los enamorados se besaban en\nverano pod\u00eda ver a la gente morir a balazos. En esos d\u00edas, si se besaba a\nalguien era porque ten\u00eda los labios fr\u00edos. Los apartamentos, antes erigidos en\nacero y cemento, eran polvo, casquetes repartidos por las calles, si es que se\nles pod\u00edan llamar calles a esos cementerios.<\/p>\n\n\n\n<p>La fuente\nera la m\u00e1s fidedigna representaci\u00f3n de la actualidad de la ciudad. Esta\nrecreaba a unos ni\u00f1os en corro, sonrientes, rebosantes de vida en su realidad\np\u00e9trea, junto a varias ranas que escup\u00edan agua por sus bocas al interior del\nestanque. Sin embargo, tras meses de pugna, los infantes estaban desprovistos\nde partes de sus cuerpos, el estanque estaba seco y a la sombra de las ranas se\nguardaban misiles de obuses. <\/p>\n\n\n\n<p>Volv\u00ed a\nla realidad y palp\u00e9 mi fusil: todo de hierro fr\u00edo y madera muerta. No me sent\u00eda\nlas manos y estaba junto a&#8230; \u00bfpodr\u00eda llamarlo \u201camigo\u201d? Ni lo sab\u00eda, y ni me\nimporta, poco dur\u00f3. Mi oficial nos pasaba lista con su semblante fiero. Al\nprincipio su rostro hab\u00eda sido afable, pero a cualquiera le cambia la cara con\nla guerra&#8230; La guerra no respeta a nada ni a nadie. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1Soldados!\n-grit\u00f3-. Hoy es el d\u00eda en el que derrotaremos a los alemanes. Hemos pasado aqu\u00ed\nya doscientos d\u00edas y tras esta carga terminaremos con todo esto. Y cuando\ncorr\u00e1is hacia esas trincheras recordad la orden doscientos veinticuatro de\nStalin: \u00a1Ni un paso atr\u00e1s! \u00a1A la carga! -orden\u00f3 desenfundando el sable,\napunt\u00e1ndolo hacia el frente. <\/p>\n\n\n\n<p>Los\nquinientos iniciamos la carga lentos, atravesando una explanada de destrucci\u00f3n.\nPero pronto la respuesta de los alemanes lleg\u00f3 en forma de misiles. Uno de\nellos hizo saltar por los aires a \u201cmi amigo\u201d. Nos paramos un momento, dudando\nsi continuar, pero uno de mis camaradas tom\u00f3 una bandera roja que estaba tirada\nen el suelo, gritando que no nos rindi\u00e9ramos, que la victoria estaba enfrente.\nCon la moral subida por el discurso, retomamos la carga con la bandera ondeando\ndelante de nosotros. Un alem\u00e1n lo acab\u00f3 abatiendo, pero otro le tom\u00f3 el relevo.<\/p>\n\n\n\n<p>Grit\u00e1bamos,\n\u00a1oh, si grit\u00e1bamos! Parec\u00edamos bestias cazando. De un salto, entre balazos y\ngranadas, nos colamos en sus trincheras y los vimos. Estaban aterrados, eran\ncomo corderos a la espera del sacrifico. Me abstendr\u00e9 de comentar lo que hice\nall\u00ed dentro, me averg\u00fcenzo de aquello. Creer\u00e1s que un soldado dispara siempre\nal blanco, pero te equivocas, nadie mata a nadie por gusto. Yo nunca apuntaba.\nPero all\u00ed dentro&#8230;&nbsp; All\u00ed dentro supe qu\u00e9\nera la sangre. No creo que pueda llamar humanos a los animales que ah\u00ed dentro\nlucharon&#8230;, ni a m\u00ed mismo. A veces tengo pesadillas de esos instantes en los\nque la parte m\u00e1s primitiva del cerebro se adue\u00f1\u00f3 del cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Acabado\ntodo, surg\u00ed de ese infierno de apenas un metro y medio de profundidad. Anduve un\nrato, hasta que no s\u00e9 qu\u00e9 fuerza hizo que me desplomara. Arroj\u00e9 el fusil y me\narrodill\u00e9 sobre el suelo cubierto de nieve te\u00f1ida de carm\u00edn. Llor\u00e9. <\/p>\n\n\n\n<p>Mi\noficial se acerc\u00f3 a m\u00ed con las manos en la espalda, sacando pecho y, como era\nde costumbre, serio como la estatua de un C\u00e9sar. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; A mayor\ndificultad, mayor recompensa -sentenci\u00f3. <\/p>\n\n\n\n<p>Aguante\nla respiraci\u00f3n. Me temblaba todo el cuerpo. Sus gritos a\u00fan me retumbaban en la\ncabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfCu\u00e1l\nes la recompensa? <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1La\nvictoria, soldado!<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfLa\nvictoria? \u00bfA costa de qu\u00e9? De l\u00e1grimas y sangre, sangre de los pueblos de la\nUni\u00f3n, sangre de Alemania, sangre de los europeos&#8230; Y todo por ese monstruo,\nal que llaman <em>F\u00fchrer. <\/em>\u00c9lesla guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; S\u00ed,\nsoldado -respondi\u00f3 y se\u00f1al\u00f3 con el dedo \u00edndice al horizonte-. Esas tierras\nest\u00e1n hechas de guerra, tras ellas est\u00e1 el <em>F\u00fchrer <\/em>que caus\u00f3 la guerra.\nNo pararemos hasta acabar con \u00e9l, no pararemos hasta llegar a Berl\u00edn, no\npararemos hasta acabar la guerra&#8230; con guerra. Ella solo sabe de s\u00ed misma.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Entonces,\nacabar\u00e9 con ella a balazos, si es lo que desea. <\/p>\n\n\n\n<p>Me levant\u00e9 y cog\u00ed el fusil: todo de hierro fr\u00edo y madera muerta. <\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image is-resized\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" src=\"http:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/beevor-644x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1538\" width=\"303\" height=\"481\" srcset=\"https:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/beevor-644x1024.jpg 644w, https:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/beevor-189x300.jpg 189w, https:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/beevor-768x1221.jpg 768w, https:\/\/www.iessenara.es\/Revista\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/beevor.jpg 889w\" sizes=\"(max-width: 303px) 100vw, 303px\" \/><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MANUEL DE CASTRO DE DIEGO. 1\u00ba Bachillerato HCS Toqu\u00e9 el fusil: todo de hierro fr\u00edo y madera muerta. 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