Educación Plástica y Religión unidos en Toledo y Puy de Fou
AUTOR: Ramón Santos Anteportalatina
Este año Luis Martín Figuero (profesor de Religión) me ha ofrecido la oportunidad de comentaros cómo fue el viaje a Toledo y Puy de Fou. Creo que los 16 alumnos de nuestro instituto que finalmente participaron podrían resumir la experiencia en una palabra que la define totalmente: espectacular.
Como todos sabéis, esta es una salida extraescolar que se realiza desde hace varios años en colaboración con el IES Torrente Ballester de Santa Marta (que aportó 40 alumnos) y el IES Fray Luis de León de Salamanca (62 alumnos). Con lo cual este año hemos sido 118 alumnos y 8 profesores.
Como no quiero ser reiterativo y volver a escribir prácticamente lo mismo de los últimos años, resumiré mi experiencia sin profundizar demasiado en los detalles (no spoileo, tranquilos).
El miércoles 8 salimos de Babilafuente a las 10:15, en el mismo autobús que viajaban nuestros compañeros del Torrente. Tras una parada en la M50 en Madrid, llegamos al albergue hospedería Casa Santa Luisa en Chueca (en las afueras de Toledo, no en el barrio de Madrid, que tenemos mucho glamour, pero no tanto).
Tras organizar las habitaciones, ubicarnos, dejar nuestras cosas y comer allí mismo, fuimos a visitar Toledo por la tarde. En mi opinión, esta visita se me hizo corta, ya que tuvimos poco más de dos horas para todo el recorrido previsto: monasterio de San Juan de los Reyes, sinagoga de Santa María la Blanca, sinagoga del Tránsito, catedral y plaza Zocodover; sin duda, muy poco tiempo, y muchas más cosas por ver como el museo del Greco o el Alcázar, la mezquita del Cristo de la Luz, o callejear más por la Judería, por poner algunos ejemplos. Es como si un turista visita Salamanca en poco más de dos horas… se queda escaso. A ver si esta parte la ampliamos de alguna manera para el curso que viene porque Toledo es una ciudad preciosa con muchísimo patrimonio cultural. Pero claro, es que “el caramelito” del viaje comenzaba por la noche.
Tras esas rápidas visitas, tiempo libre para la merienda-cena, para comprar souvenirs o callejear, ya que en poco más de una hora debíamos ir hacia el autocar, a Puy de Fou, lo que fue el resto del viaje.
“El Sueño de Toledo” es el espectáculo nocturno, que dura unos 70 minutos. Es el recinto con más capacidad, con 7000 espectadores. Mereció la pena la cola y la locura de puertas de acceso porque aquello parecía un concierto en el Movistar Arena… ¡qué nervios! No comentaré nada para los que no lo habéis visto nunca… solo diré que aún estoy alucinando.
Hago un par de incisos para informar que excepto un par de espectáculos interiores, todos son exteriores, así que siempre teníamos ese miedo meteorológico a ver si la lluvia o el frío nos estropeaba todo el planning. Este año, milagrosamente, hemos tenido suerte y la lluvia casi no hizo acto de presencia. El otro inciso, es que hay que llevar todo perfectamente planificado en la visita, ya que es un recinto enorme, las distancias por lo general son largas, y al día hay miles de visitantes, con lo cual no se puede ir todo lo rápido que se quiere, o hasta te pierdes algún espectáculo como no calcules bien el tiempo.
Llegamos al albergue prácticamente a medianoche, y los profes teníamos deberes: organizar todo el recorrido de los espectáculos del día siguiente, para que nos diese tiempo a todo.
En este momento del blog, es cuando voy a decir la típica frase de que “lo que pasa en el albergue, se queda en el albergue” (y en un dolor de cabeza maravilloso para el día siguiente). Solo diré que había más de 100 adolescentes que me dejaron dormir aproximadamente 25 minutos en toda la noche. Por fin he vivido la experiencia de lo que es “pasar una noche toledana”. Pero bueno, sin problema: Luis se encargó de despertar al día siguiente en el autocar a los que se quedaban dormidos. ¿Recordáis eso de que la venganza se sirve en un plato frío? Pues eso mismo…
El jueves 9, tras recoger nuestras habitaciones y desayunar, nos esperaba la segunda parte: los espectáculos diurnos de Puy de Fou. Todos ellos duran entre 25-30 minutos, aunque las puertas de acceso abren media hora antes. Sumad siempre 15 o 30 minutos más de cola para garantizar un buen sitio y una buena visibilidad (lo que os he comentado: hay que llevarlo todo planificado milimétricamente).
Este año lo hicimos de esta manera: el primer espectáculo que vimos fue “Cetrería de Reyes”, seguido de “A Pluma y Espada”. En este momento dimos tiempo libre para comer. Por la tarde vimos los shows de “El Tambor de la Libertad” y “El Misterio de Sorbaces”. Los últimos espectáculos (ambos en interiores) fueron “Allende la Mar Océana” (el único que se hace andando ya que es una experiencia inmersiva con lo cual la duración la marca uno mismo), y finalizamos con “El Último Cantar”.
No quiero hacer spoiler de nada, porque esto hay que verlo, pero si tenéis curiosidad por una explicación más detallada de todos los espectáculos, os remito a la reseña que hicieron mis compañeros en 2025: https://www.iessenara.es/Revista/?p=5632 y en 2024: https://www.iessenara.es/Revista/?p=4830
Agotados, al menos yo, despedimos Puy de Fou a las 19:15, con casi una hora de retraso y llegando a Babilafuente a las 23:30, bastante más tarde de lo previsto, pero satisfechos por haber podido disfrutar de algo que había oído hablar a mucha gente y que superó mis expectativas.
¿Repetiría? Con los de la noche toledana llevando tapones para los oídos. Con los nuestros, sin dudarlo. Tenemos que reconocer que, como el tiempo, se comportaron. Gracias, chicos, por ser el mejor grupo de los tres institutos en ese sentido.
No sabemos si el año que viene repetiremos esta misma salida o cambiaremos el itinerario por otras salidas que ya se han hecho, pero os aseguro que, si es esta, vais a regresar con la cabeza “del revés” como la tengo yo ahora mismo.
Por cierto, voy a ver si bicheo un poco por internet a ver cómo hacen los espectáculos, porque esa es la pregunta que tendréis durante días o meses: “Pero… ¿cómo lo hacen?”.























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