¿Rosalía, Caín, la capilla Sixtina y la Casa Lis en el Senara? ¡Te flipas! La historia de la puerta del aula 007
AUTOR: Ramón Santos Anteportalatina (Dpto. Educación Plástica)

Seguramente, ya hayas pasado por la mejor puerta del instituto, y, probablemente, te preguntes qué significado tiene. Pues aquí estoy para despejarte todas tus dudas.
No es la primera vez que hago esto de decorar la entrada donde voy a pasar muchas horas al día y a la semana. Siempre lo digo: “si puedo estar como en casa, mejor”. La tarea no era fácil porque tenía complicado hacer algo mejor que las puertas que decoré en el IES Torrente Ballester, de donde vine el curso pasado.
Pero la inspiración y las musas te visitan en los momentos más inesperados, y una tarde de enero fría, gris, triste y anodina, llegó mi epifanía: la puerta tenía que ser la entrada de un templo, un muro entre lo terrenal y lo divino.
Lo primero: pensar en ideas posibles, lo que se llama en publicidad un “brainstorming” (buen nombre para definir lo que es mi cerebro). Evidentemente, había que descartar lo más complicado o lo que no me veía capaz de hacer. Si observas los bocetos, se entrevé “La Joven De La Perla” de Vermeer. Muy a mi pesar, la deseché, porque a saber lo que salía.
Lo que tenía claro era la tipografía, el tamaño de las letras y la ubicación. Quería que fuese como una vidriera estilo Art Decó, como si entrase todas las mañanas a la Casa Lis. También tenía claro que debía haber algo que atrajese visualmente la atención a un punto central de la puerta. Y me acordé de la “Creación de Adán” de Miguel Ángel. Al fin y al cabo, era hacer dos brazos, más fácil y rápido que hacer un retrato.
Los seis brazos restantes y todo el estilo del fondo son una clara referencia a Caín Ferreras, el seudónimo que usa nuestro artista mural salmantino, Abel Ferreras.
Caín y Abel, creación de Adán… ¿Cómo puedo hilar tan fino?
Y es que además lo tenía muy fácil: simplemente era inspirarme e intentar “copiar” el estilo de las manos de la entrada del instituto, y para el fondo, inspirarme en la obra que nos dejó en la biblioteca.
Caín es un artista que, por lo que sé de él, le encanta la geometría y, sobre todo, el círculo, que se dice simboliza lo infinito, la eternidad, lo eterno y lo divino. Yo también estaba muy obsesionado con integrar circunferencias o círculos en este proyecto, pero no de un modo explícito.
Hay mucha teoría -con sentido y conspiranoica- sobre lo que pueden ser los dedos de Dios y de Adán, que nunca se llegan a tocar, así que potencié eso, quise que todas las miradas (todavía más) llevasen a ese punto. Era el momento de meter la diana de un francotirador, porque ahí es donde tenemos que estar: en el sitio exacto y en el momento exacto, en el centro del universo, en el origen de todo.
Si has leído hasta aquí, y te parece que me he puesto muy intenso, siéntate que ahora viene Rosalía.
Creo que “La yugular” es la canción con la letra más bonita que he escuchado, si no en mi vida, en muchos años. Te dejo el enlace a YouTube para que la escuches, analices la letra, te emociones, me busques y me digas: “Ramón, vamos a llorar juntos”. Y si no te emocionas, siento decirte que no eres de este planeta.
Bueno, vamos a ponernos serios. Esta canción tenía todo para completar la cuadratura del círculo: es una exploración mística que fusiona amor, fe y espiritualidad; aborda la idea de «querer a Dios por sí mismo» y la conexión íntima entre lo divino y lo humano, inspirada en una frase del Corán sobre la cercanía de la vena yugular. Y es que, ahí donde nos veis, Rosalía y yo somos muy espirituales.
Lo que en principio iban a ser unas circunferencias de color blanco, acabaron siendo toda la letra de la canción. Lo que iban a ser unos brazos desnudos, acabaron siendo unos brazos completamente tatuados aludiendo a muchos versos de la canción. De hecho, estaba tan obsesionado en dibujar eso de “el Titanic cabe en un pintalabios”, que era ahora o nunca.
La canción termina con la frase de Patti Smith “One door isn’t enough. A million doors aren’t enough”. Justo lo que he escrito en el umbral de la puerta, es decir, en la parte inferior.
Esto es un hecho: no puedo hilar más fino. Me reitero.
De una manera distendida, te he explicado el significado de esta puerta. Me dejo en el tintero la parte oscura del proceso: muchas horas invertidas (creo que entre 25 y 30 horas), mucho material que me costó encontrar o que no servía. Días buenos y días no tan buenos en los que tienes que focalizarte y dejar tu mente en blanco, porque tu mente está “tan lejos y a la vez tan cerca” (¿otra vez Rosalía?, ¡sal de mi cabeza un momento!).
Pero la parte bonita del proceso siempre es la que gana. Estoy muy satisfecho con el resultado, mucho más de lo que pensé con el boceto prototipo. Estoy feliz de que en el instituto, casi literalmente, me dijesen “haz lo que te dé la gana”, y así fue. Tanto que no tenía pensado pintar el marco de la puerta, y al final me dije: “venga: esto va a ser una masterpiece”.
En las fotos os dejo el making-off con notas y curiosidades del proceso: las dificultades con las que me encontré o las improvisaciones por las inesperadas visitas de las musas inspiradoras.
Prácticamente, cada día, según avanzaba el proceso, muchos alumnos me preguntaban: “profe, pero ¿qué es lo que vas a hacer en la puerta?”. Yo les decía: “meter en 2 m² a Rosalía, la casa Lis, la capilla Sixtina y a Caín y Abel”. Más de uno me dijo: “te flipas”.
Pues sí. Me he flipado mucho.




























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