Entrevista a Rosa Menéndez
Presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC
ALUMNADO de PMAR II y RUBÉN SÁNCHEZ HIDALGO, profesor de Ámbito Científico y Matemático
Los alumnos de PMAR II, con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, celebrado el pasado 11 de febrero, hemos querido hacer una entrevista a Rosa Menéndez, presidenta del CSIC.

© JOAN COSTA
Rosa Menéndez López (Cudillero, 1956) estudió Química en la Universidad de Oviedo y posteriormente se doctoró en Química en la misma Universidad. Ha realizado varias estancias internacionales en la Universidad de Newcastle (Reino Unido), la Universidad de Clemson (EE.UU.) o el Imperial College (Reino Unido).
En 1988 inició su carrera profesional en el CSIC, en el Instituto Nacional del Carbón (INCAR). Su trabajo de investigación se ha centrado en la obtención y el empleo de materiales de carbono en diversas aplicaciones, como la energía, los materiales compuestos e, incluso, en biomedicina. Ha participado en más de treinta proyectos de investigación, tanto nacionales como internacionales. Es autora de más de doscientos artículos en revistas científicas internacionales, diez patentes y dos libros de divulgación. Ha dirigido veinte tesis doctorales, y veintidós trabajos fin de máster en los campos de materiales compuestos y energía.
Desde el año 2017 preside el CSIC, siendo la primera mujer al frente del mayor organismo de investigación científica de España.
¿Por qué decidió estudiar la carrera de química? ¿Siempre lo tuvo claro? ¿Pensó, alguna vez, en dedicarse a otra cosa?
Fue un buen profesor de química y matemáticas, en el colegio donde estudié el bachiller, el que me hizo pensar que estudiar química era una buena idea. Hubiese podido estudiar Matemáticas en vez de Química, pero no me arrepiento de la decisión que tomé porque, visto ahora con perspectiva, además de la formación específica en la materia, me permitió desarrollar una estructura mental versátil con capacidad de adaptación a ambientes y situaciones muy diversas.
Durante los años que duró su carrera universitaria, ¿qué fue lo que más le gustó? ¿Y lo que menos?
Tuve unos compañeros excelentes con los que sigo manteniendo contacto y algunos forman parte de mi círculo de amigos. También tengo un buen recuerdo de las clases de síntesis orgánica y teoría de orbitales moleculares; el Prof. Barluenga nos hacía vibrar con una materia que en principio se podría considerar áspera.
El peor recuerdo que tengo son los exámenes. Era muy nerviosa y sufría mucho.
¿Hubo algún momento dentro de la carrera que pensó que no sería capaz de conseguir finalizarla? ¿Cuál fue su motivación para seguir adelante?
La verdad es que no. Solo recuerdo haber tenido dificultades con la química técnica porque no me gustaba demasiado, pero sin llegar a suspenderla. Bueno, y las matemáticas de segundo, que las dejé para septiembre.
En general aplicaba la teoría de estudiar más lo que menos me gustaba para así salir adelante. Confieso que estudiaba mucho.
¿Cuál ha sido el mayor reto al que se ha enfrentado como investigadora del CSIC, antes de ser presidenta?
La investigación es un reto continuo que se puede concretar en otros menores. Cuando realizaba la tesis nos planteamos el reto de separar fracciones muy puras de familias de compuestos que se encontraban en líquidos del carbón. En aquel momento, obtener esas fracciones permitía pensar en aplicaciones nuevas que mejorasen las opciones de estos derivados.
Posteriormente nos centramos en mejorar los procesos de combustión del carbón y de las propiedades del coque metalúrgico para su utilización en el horno alto. En ese caso estudiábamos los procesos y los productos para ver dónde podían introducirse cambios que mejorasen el proceso global.
Después vinieron los materiales de carbono, interveníamos en su estructura para mejorar sus propiedades como adsorbentes, en aplicaciones aeronáuticas o como supercondensadores para almacenamiento de energía.
Ahora en el CSIC nos planteamos retos muy ambiciosos, desarrollar vacunas contra SARS-COV-2, encontrar soluciones para luchar contra el cambio climático, desarrollo de la inteligencia artificial para muchas aplicaciones, por mencionar algunos de nuestros retos más ambiciosos.
Cuando le propusieron ser presidenta del CSIC, ¿tuvo alguna duda a la hora de aceptar?
Para mí fue algo inesperado, me sentí honrada por la confianza que se depositaba en mi persona. No me plantee en ningún momento si sería o no capaz, acepté sin titubear. Me preocupaba reunir un buen equipo de profesionales que me acompañasen en lo que constituía un auténtico reto. Y es algo que conseguí y de lo que me siento orgullosa ahora más de tres años después.
¿Qué destacaría de su trayectoria profesional?
Destacaría haber sido capaz de aglutinar un grupo de investigación suficientemente potente para afrontar retos ambiciosos en el campo de los materiales de carbono.
Me han dado muchas satisfacciones los proyectos europeos, liderar algunos de ellos y trabajar codo con codo con prestigiosos equipos internacionales abre perspectivas y nos da un contexto más amplio en el que situarnos.
Y no por ponerla al final es menor la importancia que le concedo a ostentar la presidencia del CSIC. Es un reto monumental, tantas personas (casi 11.000), tantos centros (120), tan diversos y de todas las disciplinas del saber. He reunido un equipo del que me siento orgullosa y que trabaja mucho por desarrollar este proyecto colectivo e ilusionante en el que nos hemos embarcado. Me llena de satisfacción que muchas de las personas que trabajan en el CSIC nos hagan llegar también su ilusión.
¿Ha recibido discriminación por ser mujer?
Yo nunca me he sentido discriminada por el hecho de ser mujer, creo que he tenido oportunidades, que he aprovechado adecuadamente y que me han permitido liderar temas de investigación y realizar trabajos de gestión muy interesantes, tanto en política científica y organización de programas científicos, como en dirección de centros y ahora del CSIC en su conjunto. En mis equipos he tenido hombres y mujeres con igualdad de oportunidades. Sin embargo, los números son tozudos y nos dicen que en los puestos de dirección de centros y en las escalas científicas más altas hay una menor proporción de mujeres, lo que indica que aún nos queda trabajo por hacer.
Recientemente hemos leído en la prensa que el CSIC está trabajando en una vacuna contra la COVID-19 del CSIC ¿Cuándo cree que se va a poder inyectar a las personas?
En el CSIC estamos desarrollando tres proyectos de vacunas diferentes, con tres aproximaciones distintas. Todas ellas progresan satisfactoriamente y se está trabajando en paralelo con el sector privado para su producción. La vacuna CSIC-BIOFABRI es la que se encuentra más avanzada en su desarrollo en estos momentos y esperamos que puedan comenzar la fase clínica esta primavera, tras los excelentes resultados que se están obteniendo en el laboratorio. Tenemos puesta nuestra total confianza en ella, así como en las otras dos vacunas, que están avanzando en su fase pre-clínica.
Una vez que se completen estas fases y si los resultados son satisfactorios, como esperamos, se podría disponer de las vacunas. El camino es lento y es necesario cubrir todas las etapas con garantías.

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