Visita a las torres de la Catedral de Salamanca
AUTOR: Hiram García Domínguez (2.º de Bachillerato)
El pasado 29 de octubre visitamos los grupos de música de 3.º de la ESO y 2.º de Bachillerato la ciudad de Salamanca con el objetivo de hacer la visita Ieronimus para subir a la torre de la Catedral de Salamanca. Fue una visita muy interesante de la que nos quedará el recuerdo de las impresionantes panorámicas que vimos del centro histórico de la ciudad con sus principales monumentos, en especial, de la Universidad.
Pudimos ver también desde una perspectiva única la nave principal de la catedral Vieja de Salamanca, desde la que se apreciaba mejor todo su conjunto y las coloridas pinturas del altar mayor. Pudimos ver, además, gran parte de la catedral Nueva, también desde un plano elevado desde el que se veían las grietas ocasionadas por el terremoto de Lisboa de 1755 y otros detalles como inscripciones que, de otra manera, no se podrían apreciar. No solamente vimos arquitectura, sino que había diversas salas, una de ellas dedicada al ya mencionado terremoto. Una de las salas más llamativas fue la dedicada a la música, en la cual estaban expuestos curiosos instrumentos antiguos.
La sala principal estaba dedicada a las distintas remodelaciones que la torre de la Catedral ha sufrido a lo largo de los siglos. En esta sala me llamó especialmente la atención los documentos y algunas piezas como varios manuscritos medievales originales, el más antiguo fechado en el siglo XII, que se encontraban en un perfecto estado de conservación. La pieza más llamativa fue el cristo pectoral del Cid Campeador, traído a Salamanca por el fundador de la catedral, el obispo Jerónimo de Perigord, del que toma nombre la visita.






Pudimos subir y ver el cimborrio de la catedral Vieja en todo su esplendor, la llamada “Torre del Gallo”, sin duda la parte más bella de la visita. También ascendimos hasta la sala de las campanas por unas larguísimas y estrechísimas escaleras de caracol. En esta sala vimos inscripciones hechas en la roca de todos los años imaginables.
Finalmente, tras bajar de nuevo todo el conjunto de peligrosas escaleras de piedra, tuvimos un rato de sosiego antes de volver a los autobuses.
Sin duda, una visita muy didáctica y con vistas impresionantes de esta ciudad patrimonio de la humanidad.

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